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Mostrando entradas de octubre, 2018

NOSTÁLGICAMENTE PESETERA

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Cuando era niña, de vez en cuando, echaba una moneda de cinco o veinte duros en mi hucha, esas típicas huchas de hojalata o metal con forma cilíndrica cuya única forma de abrirla era un abrelatas...o meter un cuchillo para untar mantequilla y hacer palanca sacando la primera moneda que cayera a tu alcance. ¡Es duro echar de menos los duros!...pero criarse divisando esa divisa provoca que aún piense en pesetas lo que nos cuestan los euros y, en mi opinión, en el día a día y a pie de calle, las cosas en euros nos salen caras. Hablando de duros y de caras, hay que tener la cara muy dura para la subida del coste de vida, mientras lo demás se mantiene. (Por no llamar “mantenerse” a “sobrevivir”)...
El refranero que es sabio dice: ¨Nadie da duros a cuatro pesetas¨...pues a los españoles nos han dado “Euro por peseta” y dando por hecho que nada iba a cambiar, ha cambiado todo. 

¡Hemos mejorado a peor!

TRUEQUE CULTURAL

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Hacía tiempo que quería dar dos peluches, el típico Teddy y un Garfield los cuales estaban muertos de risa encima del armario-“Si no juegas con nosotros…¿Qué sentido tenemos aquí?”- parecían gritarme desde las alturas. Así que cuando mi amiga me aviso de un trueque cultural que se organizaba en mi ciudad, acudí. Era fácil, tú dejabas una cosa y te daban un vale con el que podías coger otra. Escogí dos libros: “Drácula” y “Padre, el último mono”.

Siempre me ha gustado estos puntos que hay en las bibliotecas o en algunos centros cívicos en los que dejas libros y coges los que quieras porque me parece un intercambio enriquecedor. Una especie de hermanamiento de letras y tinta tenemos las personas que hemos disfrutado de los mismo libros. A veces en estos trueques encuentras que los libros tienen anotaciones o fragmentos subrayados por el lector anterior.  Así que cuando llegué a casa lo primero que hice fue buscar entre las páginas algún rasgo significativo del lector anterior. Y en el lib…