...Se pasean por aquí...

Entrada destacada

Cajón DeSastre

“Cajon DeSastre” es un blog construido con retales de sueños e hilvanado con múltiples  ficciones en el cual los personajes, a veces consti...

lunes, 20 de febrero de 2017

YOGURINES Y CARCAMALES

  • ¡Eres una yogurina! - me susurró gritándome al oído porque apenas nos escuchábamos con el ruido de la música.  
No sabía dónde se estaba metiendo - Jueguecitos…¿A mi? - pensé y sonreí- …¡O tú un carcamal! - le respondí. 

Él me devolvió la sonrisa - ¿resentida?…  
  • Para nada. Puede que sea más joven que tú - le dije recalcando la palabra “joven” - pero sé lo que quiero y lo que no. 
  • ¿Y qué quieres? - me preguntó. 

Entre el tanteo y el tonteo, hay una delgada linea en la que él se situaba intentando descubrir cuidadosamente mis intenciones, mientras sutilmente tonteaba conmigo. 
  • Una fanta de naranja - dije sarcásticamente. 
  • ¿Ves? ¿Qué tipo de bebida es esa? - dijo intentando pincharme.
  • Una para alguien que tiene que conducir de vuelta a casa- le respondí.
  • Por favor, póngame dos vodkas con naranja- le dijo al camarero- ¡te gustará!- se dirigió hacia mí. 
  • Por favor, zumo de naranja sin vodka. ¡Gracias! - le referí al camarero. Le miré fijamente y le comenté: ¿Sabes? No soporto a los hombres que escogen por mí, los veo prepotentes y dominantes.
  • Si me conocieras, sabrías que no soy ni lo uno, ni lo otro - me respondió.
  • …¿resentido?
  • Para nada. Puede que haya escogido tu bebida y que sea un par de años mayor - me dijo enfatizando la palabra “mayor” - pero sé respetar lo que una mujer quiere y lo que no - dijo mientras me acercaba la bebida que había traído el camarero.
  • ¡Touché! - pensé, mientras alzaba la copa- ¿Por qué brindamos?- le pregunté.
  • Por las carcamales como tú y los yogurines como yo. 



jueves, 16 de febrero de 2017

JAULA

Su salvaje negrura adormecida se diluye entre las sombras encerrada en un recinto de cristal. Pienso que, probablemente, naciera entre transparentes barrotes y nunca conoció más libertad que los límites de esa prisión.      

Qué triste verla danzar como de puntillas con los ojos fijos en la nada.
Una selva en la que nunca corrió, corre latente por su sangre. A veces, parece invocarla con sus rugidos.

Ni su piel es tan oscura como la cárcel en la que es exhibida.

Ni su fiereza se asemeja a la crueldad de los hombres que quebraron las alas de una libertad que intuye, pero que no conoce, ni conocerá jamás.