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“Cajon DeSastre” es un blog construido con retales de sueños e hilvanado con múltiples  ficciones en el cual los personajes, a veces consti...

miércoles, 11 de febrero de 2015

LA ASOMBROSA HISTORIA DE LA SOMBRA DE OJOS

             
Las sombras de ojos al igual que las personas, a veces tienen la mala sombra de caerse y partirse. Da mucha pena porque las sombras que se caen suelen ser las que más nos gustan, las que más usamos o las que más nuevas están. Cuando una sombra se tira al vacío, choca contra el suelo y se queda hecha polvo…

La reacción de cualquier mujer es agrupar todos los pequeños trocitos en el hueco del estuche y aunarlos para poder aprovechar la sombra al máximo, pero ya sabemos que cuando algo se rompe es difícil recomponerlo y que se quede como nuevo. Muchas minúsculas partes se quedan en el suelo tras el golpe y, no pudiéndose recuperar, se pierden. Así que la sombra ya no queda igual y ya nunca volverá a ser la de antes.

Sin embargo, no todo es negativo, ya que el hecho de que la sombra se haya fragmentado facilita su uso debido a que queda mejor adheridos al pincel las pequeñas partículas y es más cómodo extenderlas por la piel de los párpados consiguiendo un asombroso maquillaje.

lunes, 2 de febrero de 2015

Un paseo por las nubes...

Este domingo me apetecía dar un paseo y retratar  nubes. Éstas fueron algunas de las fotos que tomé y quería compartir con vosotros este trocito de cielo junto a un poema de Jorge L. Borges. 



 NUBES   (de Jorge Luis Borges)

I.
No habrá una sóla cosa que no sea
una nube. Lo son las catedrales
de vasta piedra y bíblicos cristales
que el tiempo allanará. Lo es la Odisea,
que cambia como el mar. Algo hay distinto
cada vez que la abrimos. El reflejo
de tu cara ya es otro en el espejo
y el día es un dudoso laberinto.
Somos los que se van. La numerosa
nube que se deshace en el poniente
es nuestra imagen. Incesantemente
la rosa se convierte en otra rosa.
Eres nube, eres mar, eres olvido.
Eres también aquello que has perdido.



II.

Por el aire andan plácidas montañas
o cordilleras trágicas de sombra
que oscurecen el día. Se las nombra
nubes. Las formas suelen ser extrañas.
Shakespeare observó una. Parecía
un dragón. Esa nube de una tarde
en su palabra resplandece y arde
y la seguimos viendo todavía.
¿Qué son las nubes? ¿Una arquitectura
del azar? Quizá Dios las necesita
para la ejecución de Su infinita
obra y son hilos de la trama oscura.
Quizá la nube sea no menos vana
que el hombre que la mira en la mañana.