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Cajón DeSastre

“Cajon DeSastre” es un blog construido con retales de sueños e hilvanado con múltiples  ficciones en el cual los personajes, a veces consti...

martes, 29 de abril de 2014

Serendipias y Serenpifias



Todo el mundo habla de la “Serendipia”, esos hallazgos o descubrimientos afortunados que se dan cuando estás buscando otra cosa distinta, como cuando metes las manos en los bolsillos de un viejo pantalón y descubres un billete de veinte euros.  
  
En estos últimos días, mi blog ha tenido mucho tráfico porque  la tele recomendó un blog de otra persona que se llamaba como el mío: “Cajón DeSatre”.  Probablemente, hay un centenar de personas que se hayan pasado por este blog y hayan quedado desilusionadas por no encontrar lo que estaban buscando. Eso es lo que llamo: “La Serenpifia”. Ese hallazgo o descubrimiento desafortunado que se da cuando estás buscando otra cosa distinta.

Para todas aquellas personas que pasaron y se desilusionaron, solo puedo decir que “lo siento por la serenpifia”.

Y para aquellas personas que pasaron y descubrieron algo nuevo que les gustó, solo puedo decir que espero que “disfrutéis con la serendipia”.   

viernes, 25 de abril de 2014

LA CITA ROMÁNTICA

Me llevó cogida de la mano hasta la orilla del río, un remanso de tranquilidad en el que el verdor destelleaba con fuerza y, de él, brotaban florecillas de colores. Extendió una manta y nos recostamos a lado de un árbol que tenía el tronco inclinado hacia el río y daba una buena sombra.

-          ¡Qué lugar más hermoso!- Exclamé.

Una de las cosas que me gustaban de él era lo maravillosamente hábil para buscar y crear escenas cargadas de belleza: Una noche bajo el cielo estrellado, un beso en mitad del beso de los protagonistas de una peli, un abrazo por la espalda mientras observábamos los peces del Acuario, un amanecer en una playa desierta o una puesta de sol en un mirador desde el cual se veía toda la ciudad.

-          ¿Sabes jugar a lanzar chinas?- Me preguntó.
-          Soy pésima, en el primer bote se van al fondo- Respondí.
-          Ayúdame a recoger chinas.

Cuando habíamos recogido unas cuarenta, me explicó cómo se lanzaban.
Empezó él y la china dio tres botes. En mi turno, se hundió- ¡Empezamos bien!- exclamé.
Otra vez él, su china dio cinco botes- Es tu turno- dijo picándome- Tienes que dar seis botes como mínimo. Ya sabes, tírala por la parte aplanada de la piedra- ¡Venga! ¡Venga!, tú puedes….

Tomé la piedra con la parte aplanada hacia abajo, eché el brazo hacia arriba y atrás, tomé un poco de carrerilla y lancé la china con todas mis fuerzas posibles. La piedra rebotó en una roca saliente del río viniendo de vuelta y golpeando la frente de mi chico el cual cayó de espaldas.

-          ¡Diooooooos míoooooooo!- exclamé,  pensando que me lo había cargado.

Aquella velada terminó en el hospital con un chichón del tamaño de un puño. Una de las cosas que menos me gusta de mí es lo maravillosamente hábil que soy para cargarme citas románticas. 


viernes, 18 de abril de 2014

Por qué el camaleón puede cambiar de color


¿Os habéis preguntado por qué los camaleones cambian de color? El siguiente cuento era uno de los muchos de una colección de fábulas que me regalaron cuando aprendí a leer, era de mis favoritos y quería compartirlo con todos vosotros. ¡Espero que lo disfrutéis!   

“En aquel tiempo, hace ya muchos años, el Buen Espíritu convocó en el cielo a todos los seres vivientes y les dijo:
-          Voy a asignaros a cada uno un lugar sobre la tierra que será vuestra casa. Tenéis que decirme dónde queréis vivir.
El hombre tomó la palabra en primer lugar y dijo:
-          Yo quiero vivir en un pueblo y en los campos de alrededor.
Luego, uno detrás de otro, todos los animales dijeron lo que deseaban.
-          Nosotros queremos vivir en la estepa.
-          Nosotros queremos vivir en la sabana.
-          Nosotros preferimos el bosque.
Y así, cada uno habló cuando le llegó su turno.
El camaleón fue el único que no dijo nada.
Entonces, el Buen Espíritu le preguntó:
-          ¿Y tú, camaleón, dónde quieres establecerte?
-          Me gustaría construir mi casa en cualquier parte y en todas partes.
-          De acuerdo- respondió el Espíritu- cada uno debe obtener lo que pide.
Desde entonces, el hombre vive en el pueblo, los animales en la estepa, sabana o el bosque, pero el camaleón está en todas partes. Y en todas partes, su piel toma el color del lugar en que se encuentra.”

lunes, 14 de abril de 2014

El paraguas y la esponja

Un paraguas es un ser de lo más depresivo, solo ve el cielo cuando tiene nubes negras.  
Una esponja es un ser que absorbe todo el agua.

Un día, la esponja y el paraguas se conocieron y se enamoraron.
  
A veces ella se preguntaba si él aprendió a no mojarse por mucho que le cayera. Tal vez- pensaba-  la lluvia ya no le mojaba por más negro que estuviera su cielo, tal vez todo les resbalaba y solo pensaba en llegar a su hogar con suerte.

Cuando compartieron ese hogar, la esponja  descubrió que, al llegar a casa, el paraguas derramaba todo lo que chupaba en la calle, mientras ella absorbía y absorbía toda el agua.

¿Cuánto puede absorber una esponja? ¿Qué pasa cuando una esponja ya no puede absorber más?-os preguntaréis.
Las esponjas cuando no pueden absorber más, lloran toda el agua que les sobra.
Tras mucho llorar el agua que no podía absorber, el paraguas se sintió culpable y la dejó.

La esponja aprendió a no tragar con todo.
El paraguas aprendió a sacudirse el agua antes de llegar a casa.   

Todos tienen que aprender alguna vez.

sábado, 5 de abril de 2014

Aprender a desear

"Sólo hay una fuerza motriz: el deseo".
Aristóteles
Somos como barcos de papel sobre las agitadas aguas de la vida, barcos que se balancean y, lentamente, se deshacen llevados por la corriente. Solo los deseos nos anclan. Un deseo, mitad amor y mitad sueño. 

La vida brinda los anhelos de manera un tanto peculiar:
Si se desea dinero, ella te pondrá la oportunidad de tener trabajo.

Hay amores que se convierten en desamor, sueños transformados en pesadillas. Debemos tener cuidado con lo que deseamos, no se vaya a realizar nuestro sueño y nos demos cuenta de que la realidad no se acerca ni un ápice a lo que deseábamos.

Sin miedo, pero con prudencia.
Debemos aprender a desear.