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Mostrando entradas de febrero, 2014

El arte de saber perder

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No sé si me lo regalaron al nacer o lo compró mi madre, pero mi primer osito de peluche le llamé “Yaqui”…Pasaba horas y horas con él, lo abrazaba, dormía con él y lo amaba como si fuese un ser vivo. Se le cayeron los ojos y mi madre le cosió dos botones.

Nunca me separaba de él.
Un día, tras muchos remiendos, mi madre lo tiró y me dijo que se había perdido. Aquella fue mi primera pérdida importante. Lloré por mi osito, lloré por el hueco que había dejado en mis días y en mis noches, pero sobre todo lloré por el hueco que había dejado en mi pequeño e infantil corazón.
¡Vaya pérdida! ¡Fue un desastre!
Me regalaron un peluche diferente, pero no era "Yaqui". El hecho de no ser “Yaqui” marcaba en mi alma aún más su ausencia. Pasaron los años y me regalaron muchos peluches diferentes. Ninguno sirvió de consuelo. Buscaba a "Yaqui" en cada peluche y nunca lo encontraba, pero cada búsqueda de "Yaqui", me llevaba a encontrar peluches de diferentes formas, tejido…