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“Cajon DeSastre” es un blog construido con retales de sueños e hilvanado con múltiples  ficciones en el cual los personajes, a veces consti...

miércoles, 3 de julio de 2013

Charlas con la psicóloga



 
Cuando la psicóloga me preguntó por mis aficiones, no supuse que si le decía el nombre de mi blog iba a hacerme una visita para releer mis historias.  Me di cuenta demasiado tarde, cuando acudí a la consulta y descubrí que había entrado en mi espacio y había releído mis comentarios sarcásticamente negativos sobre ella y su terapia. Normalmente, los psicólogos permanecen callados o eso es lo que nos hacen creer en las películas, pero en mi caso la terapeuta resentida no tardo en preguntarme en plan “Un, Dos, Tres…responda otra vez”
-          No tengo nada en contra de usted, ni de la terapia. Es ficción, es mentira. Enmascaro lo que me ocurre en mi vida diaria y lo transformo en relatos- le dije excusándome.
-          Las ficciones como los sueños siempre están basadas en realidades, tienen como trasfondo un pensamiento o idea a la que tú le das forma. ¿Por qué le das una forma tan negativa a la terapia psicológica en tus relatos?- Me preguntó.
Con el tiempo, uno descubre que la mayoría de las preguntas de un psicoanalista son para llevarte a responder cosas sobre tí mismo. Así que me quedé pensativa. Pensé un rato y, tras un buen periodo, le dije:
-          ¡Me dan grima los hospitales! Todos los recuerdos que tengo sobre ellos son penosos, exceptuando algún que otro nacimiento. 
-          ¿Por qué no te gustan los hospitales?- Me preguntó.
-          Supongo que mi disgusto empezó en la infancia, cuando mi madre me llevó por tercera vez al médico tras ponerme alguna que otra inyección y me encaramaba de pies-manos al marco de la puerta para no pasar a la sala…Tenía cuatro años, lloraba, berreaba  y me enganchaba como una lapa a todo lo que encontraba a mi paso con fin de esquivar la cita médica. Mi padre tenía que agarrarme por la cintura para meterme a la fuerza  y a volandas como un pequeño superman  lloroso y sin capa que sobrevolaba la consulta hasta llegar al doctor- Callé un momento y continué- Supongo que asocio el dolor, el sufrimiento y la muerte a ellos.
-          Pero los hospitales están para sanar y curar- dijo la médica.
-          Lo sé, pero no puedo evitar ponerme nerviosa.  Me inquieta esa sensación de espera antes de una prueba o analítica de un ser querido o propia, mientras operan a alguien o cuando arreglan los papeles tras una defunción en esas especies de salas.
 ¡Esas salas tan frías e impersonales!-exclamé.
La psicóloga anotó algo en su libreta, mientras se mantenía en silencio.
Así es como llegué yo misma a responderme el porqué escribo tan sarcásticamente sobre las terapias psicológicas. Tal vez, era un mecanismo de defensa ante el mal rollo que me daban las salas y lo que ello significaba.
-          ¡Soy imbécil!- Le dije a la psicóloga- ¿Sabe una cosa? Puede que haya escrito mil y una chorrada sobre los psicólogos y las terapias, pero hay una cosa bonita en su profesión al igual que en las espantosas salas de espera de los hospitales, siempre hay alguien para estar a tu lado y escucharte…
-          Hemos terminado el tiempo por hoy- dijo la psicóloga.
Sonreí, le di los buenos días, me levanté y me despedí con un “gracias” en los labios.   

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