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Cajón DeSastre

“Cajon DeSastre” es un blog construido con retales de sueños e hilvanado con múltiples  ficciones en el cual los personajes, a veces consti...

lunes, 11 de febrero de 2013

CHARLA MATUTINA



-         ¿Qué haces?- Me saludó.
-         Aquí ando, tomándome un café y peleándome con el periódico- le respondí desde la mesa.
-         ¿Cómo tienes ánimo de leerlo?...Con todo lo que está cayendo es mejor vivir en la ignorancia…-me dijo.
-         Estoy leyendo la sección de contactos- bromeé- A ver si me sale un multimillonario que quiera unas clases de inglés.
-         ¿Aún no has encontrado trabajo?- me preguntó.  
-         Estoy en ello. Llevo toda la mañana echando curriculums y he estado hablando con la orientadora laboral en la oficina del paro.
-         ¿No sé cómo aún no te has ido fuera con tus estudios?- sentenció.
-         Por principios- dije sonriéndole-.Es muy triste que después de habernos formado tanto, tengamos que abandonar el país porque aquí no se pueda ni si quiera subsistir. Además ya he estado una buena racha viviendo y trabajando en el extranjero. Al final, es lo comido por lo servido entre la vivienda, los gastos, los desplazamientos, etc...
-          ¡Es una pena!
-         ¿Y a ti, cómo te va?- le dije interesándome por él.
-         Pues no sé si te enteraste, pero María y yo lo dejamos.
-         ¿No me digas?..Pero si os habíais ido a vivir juntos, ¿no?
-         Si, sí…Compramos un piso que nos costó 37 kilos.
-         ¡SANTO DIOS! ¿treinta y siete millones?
-         Sí, como lo oyes. Cuando fuimos a pedir el préstamo, nos dijeron lo típico: “que si los pisos nunca bajarían, que comprar un piso era una inversión, que nunca se le pierde dinero a una vivienda, que si patatín, que si patatán”...Y nos hipotecamos hasta las trancas. Cuando terminamos la relación, el piso ya no valía ni veinte millones. Si lo vendíamos, no zanjábamos nuestra deuda. Así que la única solución que hemos encontrado ha sido ponerlo en alquiler para que se vaya pagando solo…Por lo que María y yo aún tenemos trato. ¡Lo que ha unido un banco, no lo separa ni Dios!
-         ¡Madre mía!- le dije con los ojos como platos.
-         ¡Para que veas como están las cosas!. Así que nunca, nunca, nunca... pero NUNCA hagas tratos con el banco. ¡La banca siempre gana!- dijo con una sonrisa y se despidió de mí, alejándose calle abajo.   

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