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martes, 10 de julio de 2012

Reflexiones de una profesora particular


- Hoy , vamos a ver el futuro- Les dije a mis alumnos.
- ¡Profe! No puedo verlo, no soy vidente-Respondió uno.
Era evidente que yo tampoco- ¡Hagamos el esfuerzo de imaginar juntos un destino al que queremos ir!- les dije con cariño, sonriéndoles.

Los niños son seres inquietos y curiosos. Sin embargo, muchos de ellos tienen problemas con el inglés. :
Problemas con una lengua ajena y desconocida a la cual no le ven un sentido y que crea demasiadas incógnitas a la lengua materna.
- ¡Mamáaaaaaaaa! ¿Por qué tengo que hablar en inglés si estoy en España?- le pregunta el niño a sus padres- ¡Qué hablen los ingleses en español!.  

- ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?- Después de veinte mil porques, los padres descuelgan el teléfono para que les eche una mano. Al entrar, normalmente, me encuentro niños a la defensiva, cuya primera expresión corporal es la de un jugador de Rugby Américano o Balotelli. ¡No es de extrañar! Para ellos, soy la encarnación infernal de la persona que le imparte la asignatura de la cual se tienen que examinar más como un juicio de aprobación que de valoración de sus capacidades.

Siendo profesora de inglés, os diré que la primera hora de clase es una espectacular lección de ciencias en las que el padre me pide que le eche una mano con sus hijos y encantada se las echo al cuello, la altura a la cual queda atravesada la asignatura:

-         ¿Te voy a enseñar el funcionamiento del aparato respiratorio?- digo sacándome unos guantes de látex que coloco en mis manos, mientras pienso:- Espero no ponerlo todo perdido para conseguir desatascarte el inglés.

Una vez tuve un alumno que se puso tan azul durante la extracción, que tuve que cogerlo por los pies y sacudirlo con la cabeza hacia abajo en mitad del salón con sus padres delante.
-         ¡I , I, I, I!- gritaba dolorido, mientras le salían miles de palabras inglesas de entre sus labios. Más me dolía a mí que a él, pero escupió lo que le oprimía la garganta al final. Él respiró tranquilo, yo necesité más de cuatro botellas de oxígeno para recuperarme.

El inglés, como todas las cosas en esta vida, se puede llegar a convertir en un desierto. La labor de un buen profesor es conocer y acompañar a cada uno de sus alumnos para encontrar en las pupilas de sus pupilos buenos oasis en los cuales chapotear, sin juicio de aprobación. El objetivo siempre es la admiración y la valoración de un profesor que aprende con la mirada de los tempranos infantes a enseñar un inglés en el que uno recuerda que si el pasado fue mejor, el pasado del pasado es "Perfecto" y, sin embargo, la vida se nos presenta en  un “Presente Continuo" con la esperanza constante de imaginar mejor juntos el "Futuro".

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