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jueves, 17 de febrero de 2011

ENAJENACIÓN MENTAL TRANSITORIA


Estaba comiéndome una porción de tarta de queso en el Costa Coffee junto a Cris, una de esas amigas de toda la vida. Ella empezó a hablarme sobre él: De lo alto, guapo e inteligente que era, de su trabajo, de sus gustos, de que siempre estaban juntos, de lo que hablaban, de lo bien que lo pasaban…¡No cabía duda, estaba locamente enamorada!
Hundí profundamente la cucharilla y cogí una buena porción de tarta de queso. Siempre he pensado que el enamoramiento es ese estado de enajenación mental transitoria, una enajenación que gira en torno a la persona de la cual te has enamorado. Si la otra persona está también enajenada por ti, las cosas fluyen; pero si esa enajenación no es correspondida, las cosas se ponen feas…Por eso me apresuré a preguntarle:
- ¿Ha pasado ya algo entre vosotros?.
- ¿Algo?....¡Mmmmm! Aún no, pero él suele abrazarme mucho y, cuando me saluda, me besa intensa y efusivamente la mejilla. Es que es un poco tímido…
Justo en ese momento, la llamaron al teléfono, mientras yo pensaba si ella no estaría idealizando la situación y montándose su propios castillos en el aire. Al fin y al cabo, todos cuando estamos enamorados vemos las cosas que queremos ver.
Cris colgó el teléfono con gesto de desilusión.
- Era él, había quedado ahora después y me ha llamado para cancelar nuestra cita- hizo una pausa
- ¿Qué le ha pasado?
- No me ha dado explicaciones -dijo Cris- supongo que le habrá surgido alguna reunión de trabajo de última hora o algún tipo de inconveniente…

Tal vez fuera mi desconfianza en los hombres y en el amor, pero aquello me sonó fatal: Era la segunda vez que lo disculpaba: “Es que es tímido”, “es que le habrá surgido algún tipo de inconveniente”. No era capaz de decirle que tal vez estaba idealizando a aquel chico y que, probablemente, se iba a llevar la desilusión del siglo, así que le dije:

-Sabes Cris, somos jóvenes, no te debes cerrar puertas. Hay muchos peces en el mar, debes seguir con tu ritmo de vida, conocer a más chicos, salir y pasarlo bien, no centrarte solo en él.

Ella sonrió, yo ya sabía que iba a hacer caso omiso del consejo.

Justo cuando salíamos por las puertas de Costa Coffee, paso algo inesperado. Cris se quedo petrificada. Al escuchar el crujido de su corazón, lo comprendí todo: La pareja que cruzaba por la acera de enfrente era “su chico idealizado” de la mano del “inconveniente inesperado”: una rubia de larga melena rizada que le hacia carantoñas. Agarrándola por el brazo, metí a Cris de nuevo en la cafetería y juntas, a través del escaparate, vimos como la pareja se perdía calle abajo haciéndose mutuos arrumacos...
Estreché a Cris entre mi brazos y ésta se echo a llorar por él, entoncés me dí cuenta: Allí frente a mí, tenía a una mujer maravillosa: guapa, inteligente, divertida, educada, con un buen trabajo y una larga lista de cualidades, pero con el mayor de los defectos: No se valoraba.