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Cajón DeSastre

“Cajon DeSastre” es un blog construido con retales de sueños e hilvanado con múltiples  ficciones en el cual los personajes, a veces consti...

sábado, 10 de diciembre de 2011

CÓMPLICES


El día cae por mi cintura.

Desvistó mi alma,

desnudó mi corazón.

Me dibuja con sus manos:

¡Modélame como un buen artesano!

Soy cuerpo,

vaga realidad.

Yazcó en pasión,

con el alma rescostada en la infinidad del amor:

¡Buen lecho!

...Sábanas sedosas,

terciopelo.

Sueña la noche que es noche,

oscura,

fría,

cómplice de este amor.

Sueña...

Tal vez, mañana amanezca:

Vacia,

marchita,

despierta.

Y otro día caiga por mi cintura,

soñando el día que es día.

jueves, 6 de octubre de 2011

CÓMO CONVERTIRSE EN ESCRITOR


La gente siempre me pregunta cómo me convertí en escritora, yo siempre les cuento que un día llegué a un despacho en busca de trabajo y allí, bien posicionado desde su cómodo sillón de piel, me observaba desde arriba y sin mirarme un señor.

- ¿¡De manera que te gusta escribir!?- No sabía si lo preguntaba o lo afirmaba, pero la sonrisa dibujada en su cara a medio camino entre la ironía y el sarcasmo, me puso de una mala leche suprema…

- Sí, me encanta escribir – le respondí.

- ¿Ah sí?...¿Y podrías decirme qué premios literarios has ganado o qué has publicado?- continuó aquel hombre en cierto tono burlón y de menosprecio.

- De momento, no he ganado nada, ni he publicado nada. Solo tengo un blog y he asistido a algunos talleres literarios y a alguna que otra conferencia de escritores nacionales- le comenté.

El hombre desvió la mirada de mi currículum y la fijó en mí para hacerme una especie de escaneo:

- Veo que estás acabando la licenciatura de filología inglesa…¿Me podrías decir a qué te hubieras dedicado por vocación?

- Todo lo que hago es por vocación- afirmé desde la más profunda sinceridad.

La cara del entrevistador se convirtió en un poema. Sin darme cuenta, le había asestado una puñalada directa al corazón. Imaginé que en algún lugar, unos años antes, aquel ser humano habría tenido ilusiones y sueños…Vocaciones que habían escapado de entre sus dedos como peces en el agua.

Aquella imagen de ver desvanecerse lo que uno sueña y ama, lo que uno realmente es o quiere ser, me llevó a preguntarme:

¿¿¿Pero qué demonios hago yo aquí???

No sé si ese fue el preciso instante en el que me convertí en escritora, pero desde luego fue el momento en el que adquirí la consciencia de que nunca quería dejar de serlo


jueves, 22 de septiembre de 2011

ALMA DE ARDILLA

Estaba triste, seguramente aquella sería la última vez que pisara el suelo de aquella casa. Aquella vivienda, la de mi primer novio, estaba situada en uno de los pisos más céntricos de la ciudad, un apartamento en la sexta planta, cuyo salón tenía unas grandes cristaleras que ofrecían unas vistas amplias y limpias. Intenté saborearlas por última vez mirando hacia el horizonte y observando como los tejados de las casas se desperdigaban por el casco antiguo sin un orden lógico, recordé a aquella famosa ardilla que en los tiempo medievales hubiera podido atravesar de punta a punta toda España sin tocar el suelo y me sonreí al imaginarla repitiendo tal hazaña saltando de un tejado a otro.

Miraba al horizonte, por aquella ventana, porque no me atrevía a mirar hacia atrás, hacia un salón que albergaba en cajas todos los recuerdos de tantos años juntos. Las lágrimas del desamor y la soledad recorrieron mis mejillas resbalando y cayendo súbitamente contra el suelo.

¡Ay, el suelo! Ahora me acordaba de aquella frase de mi madre: “Tienes que poner más los pies sobre la tierra”. Supongo que ella sospechaba que una soñadora como yo, cuando cae nunca aterriza sin romperse.

Abrí la ventana, asomé la cabeza y el aire frío golpeó mi cara, había una caída grande al vacío desde aquella altura. Allí estaba al filo del abismo de una de las grandes preguntas shakesperiana: ¿Ser o no ser? Esa era la cuestión. ¿Acaso estaba ya tan hastiada de mi vida como para realizar ese gran salto?

– Sí…

Respiré profundamente, tomé impulso y salté, pero no para caer desde aquel sexto piso, sino para posarme en otro árbol, en otro tejado con esa alma de ardilla queriendo atravesar la vida entera de puntillas.

viernes, 22 de julio de 2011

LA IMPRECISIÓN DE LAS PALABRAS

(Esto no es una pipa)

- Siempre te amaré- pronunciaron sus labios.

(No pude evitar reírme. “Siempre” y “amar” construyendo y constituyendo una misma frase, me parecía divertido.

"Siempre” era demasiado tiempo. "Amar"…, bueno,…"amar" es un sentimiento mayúsculo, pero ¿puede ser eterno?. Un sentimiento se caracteriza por ser una emoción, una especie de estado anímico. ¿Desde cuando el alma humana es constante? ¿Acaso los deseos de nuestro corazón no son volátiles?)

- ¿De qué te ríes?- me preguntó.

- Nada, es que eres increíble- le respondí.

(Y esto tampoco es una pipa)

viernes, 24 de junio de 2011

Unos cimientos sólidos

Acababa de llegar de estar a su lado, me había dado un masaje que me había dejado en las nubes, nos habíamos despedido cariñosamente en el portal de mi casa. Una noche maravillosa, sino fuera porque cuando él se marchó y comencé a subir los escalones camino hacia casa, unas de sus frases me bombardearon la cabeza:

- He quedado con Carlos para ir a la piscina este domingo-

Ese domingo no podía ir, me era imposible. El sábado por la noche tenía el cumpleaños de una de mis mejores amigas y no cabía duda de que acabaríamos viendo cantar al gallo…

- No pasa nada, si no puedes venir avisaré al resto- dijo.

¿El resto?- pensé mientras habría la puerta de mi casa. Por el resto, empecé a imaginar que se refería a sus amigos y a aquella amiga de mi amiga que había llevado varios días seguidos a la cual no conocía mucho, ni con la cual tenía demasiada confianza. Aquella chica que no podía ser más de su gusto, ni más atractiva: blanquita, rubita, delgada y de ojos claros. Y, lo peor de todo, esa chica no iba a rechazar aquella invitación a la piscina.

¡MIERDA!- dije, invadida por una mala leche que me subía desde la punta del dedo gordo del mi pie relajado por el masaje hasta la coronilla, espabilándome y despejándome como si me hubieran inyectado una dosis de cafeína en vena

¡MIERDA!

En mi mente, me imaginé un cuadro perfecto: Ella, en bikini, maravillosamente esbelta, riéndole las gracias y pidiéndole que le echara crema. En un arrebato cogí el móvil del bolso:

- Piensas invitarla a ella, ¿no?- le disparé nada más descolgó el teléfono.

- ¿¡Hola!? Perdona...¿Cómo? ¿invitar a quien? ¿Cuándo?- dijo sorprendido.

- Si, si, sabes perfectamente a quien me refiero. Vas a invitarla a la piscina sabiendo que no voy a estar yo…- Antes de colgar le solté un irónico- ¡Estupendo!

Estaba celosa, muy celosa, considerablemente celosa; tanto que me llamó, pero no le cogí el teléfono, así que me mandó un sms:

Si esa supuesta “ella” a la cual te refieres viene a la piscina...¿Cuál es el problema? Me gustas tú, estoy contigo, te quiero...

Aquel mensaje fue la aguja que deshinchó el globo de los celos

¿Qué había hecho?- pensé. Comencé a sentirme fatal. Esas reacciones no eran típicas de mí, nunca había sido celosa. ¿Por qué desconfiaba de él si no había motivos para hacerlo? Comencé a sentir tristeza de pensar que él cambiara su manera de ser o su actitud con otras personas por motivo de mis celos o inseguridades. Una relación basada en la desconfianza, en los miedos y en la falta de libertad era algo que no estaba dispuesta a construir. Así que lo llamé y le dije:

Perdona este arranque de celos. De verdad, lo siento mucho. Haré todo lo posible porque esto no vuelva a repetirse. Confío y creo en tí, invita a quien quieras a la piscina, vaya o no yo.

Y así, me fuí a la cama, con la certeza y la tranquilidad de saber que estaba construyendo un amor con unos cimientos sólidos.


jueves, 9 de junio de 2011

Carretera y Manta


Necesitaba aflojar el nudo en la garganta producido por una semana llena de intensos quebraderos de cabeza y múltiples entresijos en mi rutina diaria. El miércoles ya iba con la lengua fuera y tuve el impulso de mandar un sms de auxilio a los amigos:

“Ste sábado x la noche: escapada al campo para ver las estrellas. Kien acuda, avise”

¿Quién iba a rechazar semejante propuesta? Respuesta afirmativa de todos. Ya nos imaginaba invadiendo el campo como “las tropas de Mordor”.
Para mi pesar, al llegar la tarde del sábado, comprobé que éramos tres soldados en primera fila de combate, el resto unos auténticos desertores. Así nuestro pequeño escuadrón comenzó la caminata hasta llegar al punto estratégico, una loma situada en lo alto de un cerro, un espléndido lugar desde el cual podíamos visualizar la ciudad a lo lejos y desde el cual también gozaríamos de un precioso cielo estrellado.

-¡Hora de desplegar la manta! Nos atrincheramos aquí, chicos- dije decidida.

Acostarse en el suelo del campo en pleno verano para una urbanita como yo es sentir en el cuerpo una sensación similar a la que siente cualquier mujer que besa a un hombre con barba de dos días- ¡RASCA, MAMÁ!- pero en el amor como en el campo, hay que obviar ciertos detalles para disfrutar. Así que allí, pensando en comparaciones tontas entre el campo y el amor, estaba yo acostada en una manta en mitad del campo con dos amigos, uno a cada lado, mirando las estrellas- Dos hombres, una mujer y una manta - Pensé en gastar la típica broma sobre tríos, pero no quería herir la sensibilidad de mis acompañantes, ni tampoco romper el hilo de una conversación que parecía interesante.

- ¡Qué inmenso es el cielo! ¿Creéis que existe los extraterrestres?- Decía uno.

Empecé a pensar que siempre que el ser humano se encuentra con un horizonte infinito como es el espacio o la muerte surge esa “gran pregunta”: ¿Existe vida al otro lado?
Y no pude evitar soltar una carcajada:
- ¡JA!
- ¿De qué te ríes?- me preguntó Raúl.
- La pregunta me parece irónica. Es como si estamos sentados en las playas portuguesas mirando hacia el mar, al horizonte, y me preguntas si creo que existen los norteamericanos. La respuesta a esa pregunta es pura cuestión de fe porque desde nuestra orilla es imposible ver Norte América- le contesté.
- Bueno, pero los norteamericanos si que existen, son esos seres que se pasean en bermudas, chanclas y gorra por las calles españolas en verano cogiendo un tonillo asalmonado- sentenció Raúl.
- Pues yo creo que los extraterrestres también existen, aunque no los hayamos visto- se proclamó convencido Rafa- Es imposible que estemos solos en el Universo.
- Claro, los extraterrestres son como los norteamericanos, les encantan los “Happy Meals”. Por eso, siempre que pasan por la Tierra se dedican a abducir vacas…

Entre charlas se nos hizo completamente de noche. Me picaba todo el cuerpo, así que me tumbé de espaldas al cielo para disponer a rascarme cuando:

- ¡COÑOOOOOOO!- Exclamaron mis amigos al unísono.
- ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?- Me levanté de un sobresalto.
- ¿Lo habéis visto?- nos preguntó Rafa.
- Sí, si que lo he visto.¡¿ Tio, qué era eso?!- Exclamó Raúl.
- Eran como dos luces enormes en el cielo que ha desaparecido rápidamente en esa dirección- dijo Rafa dibujando con el dedo el supuesto recorrido de las luces.
- Sí, si- afirmó Raúl.
- Vale. Dejarse de coñas- dije.
- Que no Cristina, que no es broma, te lo garantizamos- me juraban y perjuraban.

Me levanté de la manta, encendí la linterna y, descalza, alcancé a coger mis zapatillas de deporte-¿Pero qué haces mujer? ¿Adónde vas? – me preguntaban desde la manta mis amigos. Antes de terminar de preguntarme, ya me había calzado las zapatillas, había recogido mis cosas y me disponía a salir de vuelta a la ciudad con la mochila cargada a mis espaldas…

- No pienso quedarme a comprobar el apetito de los extraterrestres…
- Pero mujer a lo mejor era un caza americano- dijo Rafa para intentar quitar hierro al asunto.
- Me da igual que sean los americanos, tampoco pienso compartir con ellos la tortilla de patatas y el bocata de jamón serrano…¡Que se vayan a un McDonald's!

martes, 8 de marzo de 2011

El sonido del tubo fluorescente

Estaba en la cama de aquel hospital, casi dormitando, cuando una idea cruzó por mi cabeza: Debía de llamarla, decirle que me habían ingresado tras el accidente.
Me levanté de la cama y fuí hasta el armario en el cual se encontraba mi chaqueta. Tomé el móvil del bolsillo, pero cuando fuí a marcar el número, comprobé que no tenía bateria. Así que me escapé de la habitación por el largo pasillo buscando un teléfono, mis pasos eran tan rápidos que parecía que levitara.
Al final del pasillo, la puerta solitaria del ascensor me invitaba a entrar. Pulsé el botón- Planta baja - cuando la puerta del ascensor se abrió: un pasillo tan oscuro como la boca de un lobo me esperaba, cuyo final era una luz pálida, blanquecina, casi intermitente como de tubo fluorescente que no se acaba de encender, que no se acaba de apagar. Dudé en avanzar.

Entre las sombras, una figura surgió, sigilosa y rápida, acercándose hacía mí. Cuando la luz alcanzó a alumbrarlo, observé un niño de cabellos, piel y ojos tan claros que no cabía la menor duda de que se trataba de un albino. El niño de aspecto angelical y no más de seis años, me tomó la mano y me dijó que le acompañara por aquel pasillo hasta la luz. En mitad de aquel oscuro pasillo escuché su risa.

- ¡¿De qué te ries?!- Exclamé .
- ¿Ves la luz al final del túnez?- Me preguntó.
- Si- Afirmé.
- Nunca la alcanzarás, he venido a retenerte en la oscuridad.

El doctor se acercó a mi cuerpo que reposaba sobre la cama.
- No tiene pulso, este paciente ha muerto- Sentenció.

jueves, 3 de marzo de 2011

EL ASESINATO DEL SEÑOR VILLENA


Estaba sentado, esperándola cuando apareció: cabellos oscuros lisos algo desbaratados, piel pálida y una mirada como perdida.
-Confiéseme porque he pecado…dijo dirigiéndose hacia mí.
-¿Cuál ha sido ese pecado?- Le pregunté.
-Me he casado con mi padre por venganza, para deshonrarlo y hacer justicia.

Me quedé callado como intentando descifrar el significado que aquellas palabras encerraban. Tras un largo silencio le dije:

-Explíqueme lo que sucedió.

Ella tomó aire como quien se prepara para sumergirse en las profundidades de un océano y prosiguió:

-Vera, es una larga historia…
-Tenemos tiempo de sobra- le dije alentándola a que comenzara su narración…
-¿Sabe quién es el señor Villena?- Me pregunto con unos ojos tan fijos que parecían que se fueran a clavar en mi alma.
Asentí. Desde luego que conocía aquel nombre.
-Pues bien- prosiguió su historia- El Señor Villena recogió a mi madre en su casa como aprendiz de cocinera cuando ella era una adolescente de rasgos sensuales que evocaban la deseada mujer en la que se convertiría.
-Ajam- Afirme sin gesticular.
-Por aquella época, el famoso y poderoso señor Villena aún estaba casado con la duquesa de Montblanc. El muy cabrón embaucó a mi madre prometiéndole que se separaría de su señora duquesita para casarse con ella. Mi madre estaba prendada de él, tanto que le creía cada palabra que salía de aquella boca. ¡Tonta de ella! Puesto que un día se quedó embarazada, el señor Villena puso el grito en el cielo, la despidió y la echo de la casa…
Hizo una pausa como esperando algún gesto o unas palabras de aprobación por mi parte. Carraspee y tomé del bolsillo un caramelo mentolado. Ella prosiguió: Mi madre sin tener a donde ir, ni recursos y sin trabajo fue a hablar con la duquesa para contarle lo sucedido y con la esperanza de que ella le brindara ayuda, pero la duquesa despechada por la infidelidad de su marido y sintiendo su orgullo malherido se rió e insulto a mi madre antes de arrogarla de patitas a la calle.
Mi madre se marcho, me tuvo y crió sin el apoyo de nadie. El señor Villena, mi padre, nunca me reconoció, ni tan si quiera se digno a conocerme. Así que cuando crecí, hice la promesa de que me vengaría del Señor Villena tras la muerte de mi madre.
-¿Cuál fué tu venganza?- Le pregunté saboreando lentamente el caramelo.
-Hace unos meses cuando cumplí los dieciocho años fui a la casa del Señor Villena con la excusa de encontrar trabajo. Fue fácil pasar desapercibida puesto que para él era una completa desconocida. El señor Villena al verme se le hizo la boca agua y me dio un trabajo de asistente en su casa. Con veinte años menos que él, fue fácil seducirlo. Al cabo de unos meses como el señor Villena era viudo y un viejo verde lo convencí de que me llevara al altar…Dada su fama, la boda fue sonada, sobre todo, cuando filtré a los medios que “yo”, su reciente esposa, era también su hija bastarda. ¡¡Fue un escándalo!!- Grito entre carcajadas.
Aquellas carcajadas me ponían los vellos de punta- ¿Entonces cree que todos lo medios de comunicación se hicieron eco de este suceso?- indagué.
Por supuesto, la tele, la radio, la prensa, Internet. En todos lados se podía ver y oir aquel mensaje...No me extraña que el señor Villena se quitará la vida.

Saqué el Boli del bolsillo de mi bata blanca, tomé la libreta y apunté: “Paciente psicótica con alucinaciones y delirios”. Tratar a la paciente con diez miligramos de risperidona. Era verdaderamente espeluznante no llegar a saber si el asesinato del Señor Villena era la obra de una mujer que estaba loca de remate o si aquella era la historia de una mujer inteligente para zafarse de la cárcel. Con aquella duda acariciándome el alma, me levanté y me fui.

jueves, 17 de febrero de 2011

ENAJENACIÓN MENTAL TRANSITORIA


Estaba comiéndome una porción de tarta de queso en el Costa Coffee junto a Cris, una de esas amigas de toda la vida. Ella empezó a hablarme sobre él: De lo alto, guapo e inteligente que era, de su trabajo, de sus gustos, de que siempre estaban juntos, de lo que hablaban, de lo bien que lo pasaban…¡No cabía duda, estaba locamente enamorada!
Hundí profundamente la cucharilla y cogí una buena porción de tarta de queso. Siempre he pensado que el enamoramiento es ese estado de enajenación mental transitoria, una enajenación que gira en torno a la persona de la cual te has enamorado. Si la otra persona está también enajenada por ti, las cosas fluyen; pero si esa enajenación no es correspondida, las cosas se ponen feas…Por eso me apresuré a preguntarle:
- ¿Ha pasado ya algo entre vosotros?.
- ¿Algo?....¡Mmmmm! Aún no, pero él suele abrazarme mucho y, cuando me saluda, me besa intensa y efusivamente la mejilla. Es que es un poco tímido…
Justo en ese momento, la llamaron al teléfono, mientras yo pensaba si ella no estaría idealizando la situación y montándose su propios castillos en el aire. Al fin y al cabo, todos cuando estamos enamorados vemos las cosas que queremos ver.
Cris colgó el teléfono con gesto de desilusión.
- Era él, había quedado ahora después y me ha llamado para cancelar nuestra cita- hizo una pausa
- ¿Qué le ha pasado?
- No me ha dado explicaciones -dijo Cris- supongo que le habrá surgido alguna reunión de trabajo de última hora o algún tipo de inconveniente…

Tal vez fuera mi desconfianza en los hombres y en el amor, pero aquello me sonó fatal: Era la segunda vez que lo disculpaba: “Es que es tímido”, “es que le habrá surgido algún tipo de inconveniente”. No era capaz de decirle que tal vez estaba idealizando a aquel chico y que, probablemente, se iba a llevar la desilusión del siglo, así que le dije:

-Sabes Cris, somos jóvenes, no te debes cerrar puertas. Hay muchos peces en el mar, debes seguir con tu ritmo de vida, conocer a más chicos, salir y pasarlo bien, no centrarte solo en él.

Ella sonrió, yo ya sabía que iba a hacer caso omiso del consejo.

Justo cuando salíamos por las puertas de Costa Coffee, paso algo inesperado. Cris se quedo petrificada. Al escuchar el crujido de su corazón, lo comprendí todo: La pareja que cruzaba por la acera de enfrente era “su chico idealizado” de la mano del “inconveniente inesperado”: una rubia de larga melena rizada que le hacia carantoñas. Agarrándola por el brazo, metí a Cris de nuevo en la cafetería y juntas, a través del escaparate, vimos como la pareja se perdía calle abajo haciéndose mutuos arrumacos...
Estreché a Cris entre mi brazos y ésta se echo a llorar por él, entoncés me dí cuenta: Allí frente a mí, tenía a una mujer maravillosa: guapa, inteligente, divertida, educada, con un buen trabajo y una larga lista de cualidades, pero con el mayor de los defectos: No se valoraba.

domingo, 23 de enero de 2011

EL ESCALOFRÍO DEL DESEO


Me puso la mano sobre la rodilla por debajo de la mesa y un escalofrío recorrió mi pierna hacia arriba, hacia la parte más interna de mis muslos. Mis labios deseaban saborearlo como se saborea el chocolate, derritiéndolo lentamente. Lo busqué con una mirada cargada de deseo que ansiaba dispararse y acercándome hacia él cómo quien va a susurrar un secreto al oído, le besé el cuello subiendo lentamente hasta el lóbulo de su oreja donde mi lengua permaneció enredada hasta que consiguió desatar al deseo.
Frenéticamente, él me mordió los labios para fundirlos con los míos en un abrazo.

Hoy me puso la mano en la rodilla por debajo de la mesa, sentí un escalofrío que recorrió mi pierna hacia arriba, hacia la parte más interna de mis muslos.
La imaginación anidó en mi cabeza, la pasión albergó mi cuerpo y él se cobijó en mi pecho.

sábado, 15 de enero de 2011

LA MESA DEL MAGO


Sobre la mesa había una chistera.
“Esta chistera es la puerta a otra dimensión, una dimensión mágica” explicó el mago que, introduciendo su mano, sacó de ella un mullido conejo.
La gente se quedó boquiabierta. Todos, menos yo que al terminar el espectáculo me acerqué al mago y le dije “Está claro, la mesa sobre la que descansa la chistera está trucada. Ese es el motivo por el que lleva un mantel”
“¡Vaya!. Parece que no has disfrutado de la magia. Veamos, ¿Qué te gustaría que saliera de la chistera?” me preguntó el ilusionista. Con mi tono más sarcástico exclamé: “El hombre de mi vida”. El mago me dio la chistera, levantó el mantel y exclamó: “Pues por aquí debajo parece no encontrarse… ¡Espera, mira en el fondo de la chistera!”.
Al introducir la mano encontré un as de corazones firmado con un número de teléfono. Desde entonces creo en la magia, es lo que tiene ser la novia de un mago.

jueves, 6 de enero de 2011

GENTE QUE SE MONTA SUS PROPIAS HISTORIAS DE VAMPIROS


- "Tengo una información que te puede servir de inspiración para tu novela. Llámame, quedamos para tomar té y te cuento. Un beso".
Este mensaje en mi contestador era como un tatuaje en el pecho de un marinero, algo difícil de pasar desapercibido. Así de fácil le fue a Edward conseguir una cita conmigo.
- ¿Cuál es esa información tan prometedora?- le dije fijando mis ojos en los suyos.
- Es una historia real en la que creo que se inspiró el mismo Bram Stoker...Un suceso acontecido en un pequeño pueblo de Estados Unidos conocido como “La última vampiro de Nueva Inglaterra”. Todo comenzó cuando la tragedia se cernió sobre la familia de George Brown. Primero murieron la esposa y la menor de sus hijas, Mery. Siete años más tarde, cayó enfermo su hijo, Edwin. El doctor Seward viéndose incapacitado para curarlo recomendó a George Brown que mandará a su hijo a Colorado donde un clima más favorable podría contribuir a su recuperación.
- ¿Qué sucedió entonces?- Le pregunté llena de curiosidad.
- Pasados dos años, Edwin regresó, aún más enfermo, al pueblo cuando su hermana Mercy Lena también falleció con los mismos síntomas…
- ¿De qué síntomas se trataba?- le dije sin parpadear.
- De palidez extrema acompañada de tos con vómitos de sangre, mareos, vértigos, fiebre y sudoración nocturna que no le dejaban pegar ojo...
- ¿Tuberculosis?-dije en tono dubitativo.
- Sí, pero piensa que en aquellos tiempos no era una enfermedad conocida y ya sabes que la superstición cubre todos los huecos causados por la ignorancia. Así que la gente se montó su propia historia de vampiros…
- ¿Ah si?
- Sí, sí…Llevado por las habladurías y el afán de salvar a su hijo, el señor Brown permitió la exhumación de los cadáveres. Encontraron a la esposa momificada y la hija menor era un amasijo de huesos, hasta aquí todo correcto, pero cuando abrieron la tumba de Mercy Lena, la cual había sido enterrada nueve semanas antes, ésta tenía un aspecto rozagante y sus uñas y cabellos habían crecido.
- ¡¡Joder!!-exclamé sobrecogida.
- Si, ese mismo sentimiento de sorpresa y miedo experimentaron las gentes de aquel pueblo que convencidos de que Mercy Lena era una vampiro solo se les ocurrió abrirle el pecho, sacarle el corazón y quemarlo…¿Te recuerda a algo?
- Por supuesto, me recuerda a que cuando muera quiero ser incinerada.
Edward soltó una carcajada.
- ¿Supongo que te refieres al personaje de Lucy de Drácula?- continué.
- Exacto- dijo Edward con entusiasmo- ¿Por cierto, sabes lo que hicieron con las cenizas del corazón? Un mejunje para salvar sin éxito a Edwin…- Antes de que terminara la frase, me había levantado de la silla de la cafetería y me había colocado mi gabardina roja, Edward se quedó perplejo
-¿Pero ya te vas Stephenie?- comentó.
-Sí Edward, tengo prisa, pero gracias por la historia- dije dándole dos besos.

Tres años después, mi novela "Crespúsculo" había sido un éxito. Se había traducido a más de treinta y siete idiomas y había vendido más de veinticinco millones de copias. La historia que me contó mi compañero, Edward Cullen, no me había servido de inspiración, pero al menos su nombre iba genial para el protagonista de la Saga.