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Cajón DeSastre

“Cajon DeSastre” es un blog construido con retales de sueños e hilvanado con múltiples  ficciones en el cual los personajes, a veces consti...

viernes, 19 de noviembre de 2010

La araña


Me dedico a analizar a todos los hombres de mediana edad que me parezcan interesantes hasta que me decido por uno en el cual centro la mirada y, cuando el hombre se percata de mi interés, le regalo un guiño y retiro mi ojos de él.

Es la mejor forma de invitar a acercarse a alquien, nunca falla.

Y aquella noche no iba a ser la excepción.

- Hola encanto-Me dijo acercándose- ¿Te apetece una copa?

De primeras, normalmente evito bebidas alcohólicas de manera casi prescriptiva. Así que pido un refresco. Una vez servidas las bebidas, pasamos a una conversación casi mecánica que siempre sé conducir hasta la pregunta deseada.

- ¿Vives solo?

- Por supuesto, tengo un pequeño apartamento cerca de aquí- me responde.

Le miro sutilmente y le sonrío.

- Si quieres podemos continuar allí nuestra conversación- Me dice y me devuelve una amplia sonrisa.

¡¡¡Perfecto!!!- Pienso.

Una vez en su apartamento, le pido una copa, ahora si la necesito. Él abre una botella de vino- la bebida perfecta- con la cual brindamos juntos, yo mojo los labios.

- Me gustaría ir al aseo- le comento.

- Pasa, es la primera puerta a la izquierda- me dice señalando el pasillo.

Sin soltar la copa entro al aseo y me aseguro de echar el pestillo. Una vez dentro, tomo los polvos de mi bolso y los diluyo con el vino de mi copa. El vino es una bebida que me encanta porque camufla bien sabores ajenos.

Cuando salga deberé aprovechar el más mínimo descuido para cambiarle la copa. Es el momento en que más tensión paso.

¿Habéis visto aquellos documentales en los que un insecto cae en las telas tejidas por una araña? Seguramente sabréis que las posibilidades de escapar del insecto son completamente nulas, pues este hombre se acababa de convertir sin ser consciente en el insecto y su casa es la tela, una perfecta red.

- Ya está dormido- le digo por el móvil a mi compañero.

- Bien, abre la puerta del portal en cinco minutos- dicho esto me cuelga. En seis minutos ya está en el apartamento con su maletín y la nevera de gran tamaño

¿Sabes cuánto cuesta un riñón?

Sin escrúpulos y con dinero, nada.

Nosotros somos tan solo la araña.

jueves, 11 de noviembre de 2010

EL LIBRO

Esta mañana robé un libro en el centro comercial..

- ¿Pero qué hace, muchacho?- gritó una anciana dándose cuenta del hurto.

A esas alturas, la atención del vigilante ya había recaído sobre mí. Así que para intentar esquivarlo, salí huyendo y salté dentro de un gran armario cuyas puertas se abrieron ante mí como las puertas del cielo.

Dentro, en el hueco más profundo que ese armario de tres puertas ofrecía, una sensación de seguridad recubrió mi alma agitada y, con la mente ya serena, pensé que lo mejor sería esperar el tiempo prudencial para que en el exterior todo se calmara, pero esa sensación fue rota por unos sonidos y movimientos que hacían presagiar que el armario iba a ser trasladado.

Al cabo de un rato, los movimientos fueron sustituidos por una especie de desplazamiento. No había duda de que me encontraba en el interior de un armario que se encontraba en el interior de un camión con dirección totalmente desconocida. Como no sabía que hacer, vislumbré que lo mejor sería no hacer nada.

Pasados como unos treinta minutos que para mí fueron horas, volvieron los movimientos y los ruidos que acabaron cuando una voz femenina desde el exterior dijo algo así como:

- Sí, parece que ha quedado bien colocado.

La inquietud se hacia cada vez más grande en mí, pensar que si me descubrían dentro del armario no podría explicar las razones qué me habían llevado hasta allí, pensar y temer que la mujer muriera de un susto al encontrarse conmigo inesperadamente. Todos esos pensamientos se fraguaban en aquel oscuro rincón en el que me agazapé hasta que, de repente, se abrió la puerta central del armario y la luz me cegó. Cuando mis ojos se adaptaron de nuevo a la luz pude ver cómo una fina mano de dedos largos estaba colocando perchas con ropa femenina dentro del armario. Imploré con todo mi tesón que aquella mujer no abriera la tercera puerta del armario y me encontrara. En medio de mis suplicas, un hombre entró en el cuarto.

- Cariño, ya he llegado de trabajar- dijo una voz ronca, bastante masculina, como de persona corpulenta.

- Acaban de traer el armario y estaba colocando mis vestidos

- ¡ Ajam! Vamos a almorzar y después sigues colocándolos. ¿Te parece?...

- Vale, voy a calentar la comida- dijo la voz femenina mientras cerraba el armario.

El armario se volvió a quedar a oscuras y yo suspiré tranquilo, pero no sería por mucho tiempo, ya que el marido que aún estaba en el cuarto, se había quitado la chaqueta y abrió la puerta del armario en la que yo me encontraba para colocarla…

- ¿Pero qué coño hace usted aquí?…-grito entre asustado y sorprendido

Me quedé petrificado ante un tío que parecía medir dos metros desde el suelo del armario donde me hallaba agazapado. No fui capaz de profesar palabra ninguna lo que hizo que aquel hombre se pensara lo peor.

-Maldito cabrón, yo te MATO…¿Túuu? ¿Mi mujer? ¿En mi propia cama?.

- Nooooo, le juro que no es lo que pareee….-Antes de terminar la frase aquel hombre, tan grande como el armario, me había agarrado por las solapas de la camisa y me sacaba en volandas del armario.

Su mujer asustada por los ruidos regresó a la habitación desde la cual miraba atónita aquella situación, jurando y perjurando no conocerme.

Aquel hombre me dio tal paliza que me dejó hecho un cromo y perdí la consciencia, cuando me desperté estaba ingresado en un hospital desconocido con una pierna rota y varias fracturas, lejos de casa y sin que mis familiares supieran de mi paradero…

MORALEJA DE ESTE CUENTO:

El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

IRONÍAS DE LA VIDA

Aún se siente culpable de cada cigarrillo que compartieron juntos.

La conoció una calurosa tarde de marzo cuando ella le pidió fuego y hoy ella ha muerto de un tumor: ¡el tabaco que les unió, les separa!

Cuando el médico les dijo que era cáncer, que ella debía dejar de fumar y mantenerse alejada del tabaco, él hizó la promesa de que no fumaría más.

Ahora, sin ella, esa promesa ya no tiene sentido.


Así que él vuelve al tabaco para que el tabaco le devuelva con ella
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