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Cajón DeSastre

“Cajon DeSastre” es un blog construido con retales de sueños e hilvanado con múltiples  ficciones en el cual los personajes, a veces consti...

miércoles, 28 de julio de 2010

BULLYING

- Eres un cerdo bastardo y miserable. Grita, grita como un estúpido y gordo cerdo- dice Michael, el cabecilla del grupo, arrinconándole en la esquina del cuarto de baño junto a su pandilla de camaradas que le ríen y siguen las gracias.

Hoy, Oscar, no ha podido escapar de ellos- Oink, oink, oink - chilla aterrorizado sin tener el suficiente valor para hacerles frente.

- Nenaza, eres una tremenda nenaza. Los cerdos van al matadero…

Se resigna esperando los golpes, sabe que hoy toca paliza, no tiene escapatoria.
Al regresa a casa mira su ropa rasgada e intenta esconder los moratones de su brazo, pero lo que más le duele es su ego. Está cansando de que siempre sea la misma historia, de que nunca nadie le ayude a solventarla.
- Les odio, les odio con toda mi alma- Dice soltando con ira la mochila sobre la cama- Ojalá estuvieran todos muertos…
El tiempo antes de ir al colegio siempre se hace insoportable. Se siente indefenso, expectante de la llegada de la hora del recreo en la cual se encuentra con ellos. Hoy se ha despertado solo, sus padres están de viaje. Por eso ha decidido ser valiente y coger el arma que su padre guarda en el armario. Hoy va a demostrar que no es ninguna nenaza.

Toca la alarma que anuncia recreo. Esta nervioso, pero le tranquiliza acariciar el mango de la pistola que sobresale de su pantalón, pero que está bien escondido por la sudadera.
- Ahí está el cerdo- le grita Michael desde el otro lado del pasillo. Vienen tras de él como perros falderos, Henry, Marc y Ben. La persecución siempre termina en el interior del aseo. A Oscar le tiemblan las manos. Michael y su grupo se aseguran de que están solos en los aseos y cierran la puerta.
- ¿No tienes escapatoria cerdo?- Grita Michael.
Oscar saca la pistola y empuñándola se hace el silencio.
- ¿Nenaza?. ¿Ahora quién es la nenaza?- Chilla Oscar lleno de furia- Los cerdos van al matadero- Y apuntando ejecuta un disparo limpio.

Oscar cae al suelo. De su cabeza brota un manantial de sangre.

martes, 27 de julio de 2010

Los surrealistas y sus frases

Esta tarde estaba estudiando en la biblioteca cuando he observado un libro de arte. En su interior, me he podido deleitar con las siguientes frases:

"Cristobal Colon debería haber salido a descubrir América con un barco cargado de locos".
André Breton
"El payaso no soy yo, sino esa sociedad tan monstruosamente cínica e inconscientemente ingenua que interpreta un papel de seria para disfrazar su locura."
Salvador Dalí


"Un pintor se pierde cuando se encuentra a sí mismo"
Max Ernst



"La libertad no se concede, uno tiene que tomársela"

Pinto las cosas
como las pienso,
no como las veo.
Pablo Picasso

"Si solo existiera una verdad sería imposible pintar cien cuadros sobre el mismo tema"
Pablo Picasso


lunes, 26 de julio de 2010

MORDERME LAS UÑAS

Mucha gente cuando voy por la calle me pregunta:
- ¿Has sufrido una amputación?
- No es que me muerdo las uñas...

Sí, tengo la odiosa manía de mordérmelas. De hecho, cuando estoy nerviosa, me posee un ansia viva que me impulsa a morderme tanto las uñas y los padrastros que hay veces en las que me he llegado a los codos.
Y una vida sin uñas se complican. Por ejemplo, cuando tienes que rascar a alguien, la cosa se pone difícil. ¿Por qué? Porque cuando rascas sin uñas, das con las yemas carnosas de los dedos y más que rascar parece que estás frotando la espaldas a ritmo de “dar cera, pulir cera”. De hecho, se han dado casos en los que gente rascada por personas sin uñas brillaban más que un gusiluz colgado de las luces de un prostíbulo de carretera…Y eso no es digno. Una persona que brilla de esa manera no puede vivir tranquila: ¡¡¡ que las adolescentes que siguen Crepúsculo le confunde con un vampiro!!!
Otro claro ejemplo de que vivir sin uñas trae problemas es cuando intentas abrir una lata de refresco y, en esos momentos, se produce una lucha encarnizada entre los dedos y la anilla. Hay gente que ha llegado a morir deshidratada.
Por ese motivo, he intentado todo para dejar de morderme las uñas. Por ejemplo, comprarme un líquido de sabor extraordinariamente amargo que venden en las farmacias para dejar de mordérmelas al notar el sabor….

-¿Y tuvo efecto?- os preguntaréis.
- Sí, si que tuvo: casi muero intoxicada.

En ese momento comprobé que las uñas son pequeñitas, pero matonas. Así que, en mi caso, lo mejor para dejar de mordérmelas será el autocontrol, la fuerza de voluntad y esperar a que los brazos me crezcan de nuevo.

sábado, 24 de julio de 2010

Los jardines cifrados

"Los grandes cuadros siempre lindan con lo siniestro. Nos invintan a su reino atemporal, olímpico, y luego nos escupen como si fueramos bocados amargos, nos devuelven a nuestro mundo miserable"


Aquella mañana el Prado estaba insólitamente desierto. Tal vez fuera eso lo que me decidió a dar una vuelta por las salas de los pintores flamencos. No había vuelto a visitarlas desde aquel día, hacía ya más de cuatro años, en las que las había recorrido lentamente con Nora, saboreando esa tibia sensación de atemporalidad que solo las sala vacía y silenciosa de un museo o una biblioteca puede transmitir.
Tal vez supiera ya, mientras contemplábamos cogidos de la mano las meticulosas alegorías de Bruegel o el Bosco, que estaba a punto de perderla. Pero ante aquellas escenas ensímismadas, aquellas ventanas a una eternidad hecha instantes plenos y autosuficientes, tuve la sensación de que Nora y yo éramos tan inseparables como los amantes que, en el panel central de El Jardin de las Delicias, se abrazaban para siempre dentro de una flor-burbuja que los aísla y los protege del mundo.
Nuestra burbuja, sin embargo, estallaría bien pronto, sin ruído, como una pompa de jabón, dejándonos desnudos y a la intemperie. Por los menos a mí...
Sentí un intenso fogonazo de angustia y frustración. Por un momento me parecio terriblemente injusto que ella no estuviera allí, que aquella confluencia de circunstancias internas y externas no convocara su presencia, que aquel dolor que había sobrevivido tanto tiempo no tuviera ninguna respuesta, ni siquiera en mí mismo. Cerrar los ojos un instante, como un lento parpadeo: esa fue la única consecuencia física, la única manifestación perceptible de un dolor que un día pensé que me había destruido. Y que tal vez lo hubiera hecho, hasta el punto de que ni siquiera me daba cuenta...
Cuando reabrí los ojos me sobresalté al descubrir que había alguien junto a mí, alguien a quien no había oído acercarse. Era un hombre alto y fornido, de unos cincuenta años, de mirada penetrante y facciones afiladas. Me sorprendió su notable parecido con mi amigo F.: el mismo pelo revuelto entre rubio y pelirojo, la misma barba rala, aproximadamente la misma estatura...Llevaba una larga gabardina blanca y una bufanda negra alrededor del cuello, y se apoyaba en un recio bastón.
- A mí me ocurre lo mismo- dijo en voz baja, como si estuviera confiándome un secreto- Hay cuadros que no me dejan mirar fijamente.


Carlo Frabetti, Los jardines cifrados

miércoles, 21 de julio de 2010

Monólogo de las almohadas

Si nos paramos a pensar las almohadas son como amigas suaves, blanditas y cercanas: nos acostamos y levantamos junto a ellas, conocen nuestros sueños más íntimos y cuando algo nos preocupa consultamos nuestros problemas e inquietudes con ellas. Una almohada es de ese tipo de amistades que se adaptan a uno y, con una amiga así, cómo no vas a sentir ganas de abrazarte y pasar largas horas a su lado…Yo creo que ese es uno de los motivos principales por el cual todas las noches nos reunimos junto a ellas.
Y, claro, el roce hace el cariño, ya sabemos que de la amistad al amor hay un camino corto y cuando menos nos queremos dar cuenta nosotros babeamos por ellas y ellas sabiéndose deseadas se humedecen.
Pero en toda relación hay una parte oscura: ¿Os acordáis de cuando eráis niños?
¿Qué pasa con los dientes de leche y las almohadas? Muchos de vosotros habéis vivido engañados durante años, os hicieron creer que cuando se os caían vuestros primeros dientes, al meterlos debajo de las almohadas se transformaba por arte de magia en unas cuantas monedas. ¿Pero que sabemos acerca de esto? Nuestros padres nos dijeron que se trataba de un ratoncito llamado Pérez o del hada de la almohada. Cuando crecí, comencé a atar cabos y lo comprendí: El ratoncito Pérez o el hada de los dientes no existen. Es una mafia, una tapadera para ocultar los oscuros negocios entre las almohadas y nuestros padres. Si amigos, traficaban con nuestros pequeños dientes de marfil a cambio de dinero y nos daban una parte para silenciarnos.
Y, claro, uno crece, se hace grande y fuerte, pero la almohada sigue haciéndote todo tipo de favores. Por ejemplo, siempre mantienen un lado fresquito en verano para que cuando sintamos calor o estemos empapados en sudor le demos la vuelta y gocemos de una cara más agradable o a veces, en invierno, las almohadas de nuestra casa incuban nuestros pijamas para ofrecérnoslos calentitos. Al contrario que las almohadas de los hoteles que nos esperan con una chocolatina sobre ellas para ganarse nuestra confianza o quizá sea para joder nuestra dentadura de adultos con las que ya no pueden hacer negocio y ganarse una pasta gansa en el mercado negro de marfil. Y aunque una chocolatina nunca amarga a nadie, hay que reconocer que es un comportamiento un poquito cabrón poner chocolatinas sobre las almohadas de las habitaciones individuales sabiendo que el chocolate es un gran afrodisiaco, es como incitarte a tener sexo sabiendo que no tienes con quien disfrutarlo.
Por esa regla de tres en las habitaciones doble y compartidas, las almohadas deberían recibirnos con un condón sobre ellas porque no hay mejor afrodisiaco que el sexo y un buen polvo tampoco amarga a nadie.
Lo que ocurre es que las almohadas se sienten celosas y por esa razón no tienen tales recibimientos cuando vamos acompañados, es más a veces a la almohada de algunos hoteles le da por putearnos al máximo cuando queremos compartirla con alguien. ¿Por qué? Porque ellas quieren que nos peleemos, saben que el tamaño sí que importa y lo usan a su favor siendo lo suficientemente grande para dar el pego y aparentar que puede ser cómodamente compartidas, pero teniendo los centímetros necesarios de menos para que te pases toda la maldita noche peleándote con tu pareja por su culpa…Nuestra venganza ha sido crear las peleas de almohadas en las cuales las destripamos, pero eso se debe a que las conocemos y tenemos la seguridad de que sus vísceras son sedosas plumas o, sin son de baja clase, blandas espumas. ¿Os imagináis que estuvieran rellenas de carne picada con tomate? Nadie se atrevería a pelearse con una almohada así, además dormir apoyando la cabeza sobre ellas sería como dormir sobre un inmenso canelón.
Menos mal que, en el fondo, estas peleas son pasajeras y las almohadas son como una madre preocupada por proporcionar confort y descanso. Por eso cuando miréis a una almohada a los ojos, pensad en ella como esas grandes compañeras que, noche tras noche, nos acompañan con gran ternura sosteniendo nuestra cabeza en su regazo.

lunes, 19 de julio de 2010

...Transeúnte...

Estaba en la sala de urgencias de un hospital. Una sala llena de enfermos encamados, enfermeras que cuidaban de ellos, médicos que iban de un lado para otro y todo tipo de materiales, medicamentos y aparatos contenidos en mesas. La sala llena de personas, de movimientos y ruidos me tenía ensimismada hasta que me sobrecogí al sentí como alguien me agarraba fortísimamente la mano. Al girarme comprobé que la persona que me sujetaba era un enfermo de una cama cercana, un completo desconocido el cual tenía una gran herida y cuya pierna se alzaba vendada. Éste me pidió un vaso de agua.
Salí de aquella sala a una habitación contigua donde se hallaba un bidón del cual tomé un vaso de plástico que llené de agua y, cuando regresé a la sala, me la encontré absolutamente vacía. La misma habitación pero sin camas, sin enfermos, sin enfermeras, ni médicos, ni nada. Solo suelo, paredes, techo y ventanas. Un escalofrío recorrió mi cuerpo desde la coronilla hasta el dedo meñique del pie y escapé de allí asustada, sin asimilar como todo aquello había desaparecido ante mis ojos como si se tratara de un espejismo. Apresurándome todo lo posible y aún con el vaso de agua en la mano, salí a la calle tropezándome con un transeúnte que resultó ser el mismo enfermo.

- ¿Cómo es posible?- Le pregunté aún más sorprendida, casi aturdida.
- Todos estamos muertos- me susurró suavemente con una sonrisa maquiavélica dibujada en los labios.

Aterrorizada y sin comprenderlo, lo empujé con todas mis fuerzas mientras el vaso de agua caía de mis manos. Entonces fue cuando abrí los ojos y me contemplé sudorosa, llena de pavor e inmovilizada en medio de mi cama en mitad de la noche.
-Todo ha sido un sueño- dije para calmar a mi corazón que me latía a mil por hora y relajar mi mente que tan solo podía pensar en su última frase.
Qué difícil me fue conciliar de nuevo el sueño con el temor de ser el traseúnte de alguien que te sueña, un fantasma de la realidad.

sábado, 10 de julio de 2010

Tocado y hundido

La noche se presentaba oscura, fría y profunda como el océano y él era como un barco que hacía aguas. Tal vez ese fuera el motivo por el cual cruzó la delgada línea del respeto, lo que había empezado como un diálogo terminó como una discusión acalorada y desbocada. Ante su falta de argumentaciones y razones, la insultó con un rotundo “puta”. ¡Cómo hubiera deseado que le abofeteara, que le hubiera gritado, insultado o montado algún numerito! Pero no, ella se mantuvo en su lugar y mirándole a los ojos con seriedad, seguridad y una confianza plena en sí misma, se marchó sin decir una sola palabra. Aquel silencio fue el mayor golpe asestado.

martes, 6 de julio de 2010

Ser gordito y comprar ropa by Rafachan

Mi amigo Rafachan me mando el siguiente fragmento escrito por él. Es un texto digno de los grandes monólogos al que tengo el placer de hacerle un hueco en este blog. Se títula: "Ser gordito y comprar ropa. Crónica de una odisea"...Sin más palabras os dejo con este texto que no tiene desperdicio y espero que disfrutéis.

"No es casual que el concepto de Mal, se escriba con “M”. “M”c donalls y “M”atutano le han causado más curva a mi barriga que todas las que puedas trazar con un compás. El estar gordo no debería de ser, en teoría, ningún impedimento para llevar una vida feliz y en armonía con la naturaleza y los demás seres vivos. Ahí están la ballena, el elefante o la morsa sin una cuadrilla de animales chistosos recordándoles su sobrepeso. Casos de bulling aparte, cuando uno está entrado en carnes y quiere comprarse ropa empiezan los problemas. He aquí la Crónica de una odisea.

Entro a una tienda “normal” de ¿ropa? ¿O son complementos para modelo? Grave error…

—Buenos días, ¿que quería? —dice la dependienta sonriente.

—No gracias, estaba mirando solamente

Ya sabéis el típico corte que le da a un gordito cuando una dependienta super buenorra está todo el rato detrás tuya diciendo que todo te queda bien y preguntando si te lo vas a llevar...

—¿Buscas algo en concreto?—dice la buenorra dependienta.

No hay manera de escapar, se ve que la tengo encima mía y… Bueno, ahora mismo prefiero no pensar en nada porno.

—Buscaba un pantalón así chulo…

—Ah, pues mira —dice alegremente el bellezón poniendo a la vista todo su muestrario (no penséis mal)—, ¿Qué talla tienes?

— Pues creo que una 44.

(un gordito nunca sabe la talla que tiene, ¿por? Seguid leyendo seguid)

—Ah, pruébate estos a ver que tal.

Llegamos al probador, y claro, la cortina no corre bien. Entras y ves perfectamente como fuera tienes un grupo de tías metiéndose de 3 en tres a los probadores y armando jaleo (¡Las frikis de la ropa!).

—Bueno, al menos voy a darme la vuelta para que “sólo” me vean el culo

No acabo de meter un pinrel en el pantalón cuando la buenorra de la dependienta ya está al otro lado de la cortina preguntando si me queda bien.

—No, todavía no.

—Si quieres te saco otra talla.

—No —digo ruborizado mientras intento meterme el pantalón rápidamente —todavía no me lo he puesto.

Nuestra profunda charla llama la atención de las frikis y en un periquete todas me han visto ya en calzoncillos luchando por enfundarme los estrechos pantalones.

—Joder, y encima no me está bien!

Me cambio de ropa otra vez y empiezo a sudar del bochorno que estoy sintiendo…

—Pues no me queda de una talla más grande. —dice mi gran amiga— pero de estos sí tengo.

Ahora me enseñan unos pantalones horribles, pero no sé si es que tengo el gusto atrofiado o que no entiendo de modas, pero juro que preferiría ir en calzoncillos por la calle.

—No gracias, disculpe las molestias.

Entonces a la tía se le cambia la cara y me regala un bonito desprecio. Con un par.

Moraleja: Comprad por Internet hijos mios, comprad! "