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Cajón DeSastre

“Cajon DeSastre” es un blog construido con retales de sueños e hilvanado con múltiples  ficciones en el cual los personajes, a veces consti...

jueves, 11 de noviembre de 2010

EL LIBRO

Esta mañana robé un libro en el centro comercial..

- ¿Pero qué hace, muchacho?- gritó una anciana dándose cuenta del hurto.

A esas alturas, la atención del vigilante ya había recaído sobre mí. Así que para intentar esquivarlo, salí huyendo y salté dentro de un gran armario cuyas puertas se abrieron ante mí como las puertas del cielo.

Dentro, en el hueco más profundo que ese armario de tres puertas ofrecía, una sensación de seguridad recubrió mi alma agitada y, con la mente ya serena, pensé que lo mejor sería esperar el tiempo prudencial para que en el exterior todo se calmara, pero esa sensación fue rota por unos sonidos y movimientos que hacían presagiar que el armario iba a ser trasladado.

Al cabo de un rato, los movimientos fueron sustituidos por una especie de desplazamiento. No había duda de que me encontraba en el interior de un armario que se encontraba en el interior de un camión con dirección totalmente desconocida. Como no sabía que hacer, vislumbré que lo mejor sería no hacer nada.

Pasados como unos treinta minutos que para mí fueron horas, volvieron los movimientos y los ruidos que acabaron cuando una voz femenina desde el exterior dijo algo así como:

- Sí, parece que ha quedado bien colocado.

La inquietud se hacia cada vez más grande en mí, pensar que si me descubrían dentro del armario no podría explicar las razones qué me habían llevado hasta allí, pensar y temer que la mujer muriera de un susto al encontrarse conmigo inesperadamente. Todos esos pensamientos se fraguaban en aquel oscuro rincón en el que me agazapé hasta que, de repente, se abrió la puerta central del armario y la luz me cegó. Cuando mis ojos se adaptaron de nuevo a la luz pude ver cómo una fina mano de dedos largos estaba colocando perchas con ropa femenina dentro del armario. Imploré con todo mi tesón que aquella mujer no abriera la tercera puerta del armario y me encontrara. En medio de mis suplicas, un hombre entró en el cuarto.

- Cariño, ya he llegado de trabajar- dijo una voz ronca, bastante masculina, como de persona corpulenta.

- Acaban de traer el armario y estaba colocando mis vestidos

- ¡ Ajam! Vamos a almorzar y después sigues colocándolos. ¿Te parece?...

- Vale, voy a calentar la comida- dijo la voz femenina mientras cerraba el armario.

El armario se volvió a quedar a oscuras y yo suspiré tranquilo, pero no sería por mucho tiempo, ya que el marido que aún estaba en el cuarto, se había quitado la chaqueta y abrió la puerta del armario en la que yo me encontraba para colocarla…

- ¿Pero qué coño hace usted aquí?…-grito entre asustado y sorprendido

Me quedé petrificado ante un tío que parecía medir dos metros desde el suelo del armario donde me hallaba agazapado. No fui capaz de profesar palabra ninguna lo que hizo que aquel hombre se pensara lo peor.

-Maldito cabrón, yo te MATO…¿Túuu? ¿Mi mujer? ¿En mi propia cama?.

- Nooooo, le juro que no es lo que pareee….-Antes de terminar la frase aquel hombre, tan grande como el armario, me había agarrado por las solapas de la camisa y me sacaba en volandas del armario.

Su mujer asustada por los ruidos regresó a la habitación desde la cual miraba atónita aquella situación, jurando y perjurando no conocerme.

Aquel hombre me dio tal paliza que me dejó hecho un cromo y perdí la consciencia, cuando me desperté estaba ingresado en un hospital desconocido con una pierna rota y varias fracturas, lejos de casa y sin que mis familiares supieran de mi paradero…

MORALEJA DE ESTE CUENTO:

El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo.

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