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jueves, 14 de octubre de 2010

Quien se va sin ser echado, vuelve sin ser llamado

Carlo, el que había sido mi novio durante casi tres años, entró en la cafetería acompañado de una joven muchacha de melena corta que dejaba ver su largo y esbelto cuello. Nuestra relación había terminado meses antes, el día en el que, tras una fuerte discusión, él hizo sus maletas y se marchó de mi apartamento. Normalmente era yo quien lo buscaba para hablar y hacer las paces, pero en aquella ocasión me armé de orgullo y no descolgué el teléfono. Así que esa fue la última vez que lo vi.
Desde aquel día había hecho todo lo posible para olvidarlo y había conseguido dejar de amarlo, pero verlo con aquella chica hacía que un extraño sentimiento se paseara por todo mi cuerpo y yo no quería sentir ni un ápice de aquella emoción recorriéndome porque, en el fondo, significaba ser aún vulnerable.
Ambos nos vimos en la cafetería, pero no hubo saludos, ni acercamientos, ni palabras, tan solo una larga mirada fija y sostenida.
Cuando mis amigos y yo terminamos nuestros cafés, nos fuimos.

Días más tarde estando en mi apartamento llamaron a la puerta. Era un inesperado Carlo.

- Necesito hablar contigo- me dijo.

De manera casi automática, sin pensarlo, le dejé pasar. Carlo venia a recobrar nuestra relación porque- según decía- me echaba mucho de menos, no había podido olvidarme y, desde que me había visto en la cafetería, no me podía sacar de la cabeza.
Era absurdo-pensé- porque, aunque estaba escuchando todo lo que había deseado oír desde que se marchó, aquellas palabras de amor no me conmovían, tan solo remarcaban y me hacia recordar fortísimamente su abandono. Era como si con cada palabra que él pronunciaba, se alejara un paso de mí.

Así que le dijé adiós, dejándole que se alejara para siempre.

2 comentarios:

  1. Me encanta el título que le has dado a la entrada, es una verdad como un camión...

    p.d.: el libro que te estás leyendo ya me lo he leido yo hace tiempo y me gustó mucho, muy ingenioso.

    un besito

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  2. Camomila, me alegro de que te haya gustado el título. Yo no conocía esa frase hasta hace unos días un amigo me la refirio y me encanto.
    Aún no he empezado a leerme "El desorden de tu nombre", pero tengo muchísimas ganas, a ver si este finde saco un rato libre y empiezo. Un saludo y mil gracias por tu comentario y por pasarte por aquí.

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