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jueves, 1 de abril de 2010

FLASHFOWARD EN UNA NOCHE DE INSOMNIO


Tras contar más de diez mil ovejitas saltando la valla, ella seguía dando tumbos en la cama y peleándose con la almohada sin poder pegar ojo. No había remedio, el insomnio le había cautivado aquella noche.
Así que decidió encender una tele en la que nada demasiado interesante ocurría. Al final, tras un zapping de lo más exhaustivo decidió dejar un documental de historia. Aquel programa trataba sobre finales de los setenta y principios de los ochenta,la historia de la transición española, una época en la cual ella tendría como mucho cuatro años y la cual sentía lejana, muy lejana…
Se acurrucó en su manta, mientras observaba fragmentos de pasado frente a la tele. El documental le evocaba a las clases de historia sobre la transición que había recibido durante tantos años en el colegio y, posteriormente, en el instituto.

- La historia es importante- dijo para sí misma - aunque diez años estudiando la misma historia resulta tedioso. Le hacía gracia imaginarse a su profesor de historia como uno de esos abuelitos que se sientan a contar las mismas batallitas una y otra vez sin cansarse. Batallitas que la mayoría de las veces ya conocía de pe a pa.
- Si yo hiciera un documental o fuera profesor de historia- pensaba- trataría de hablar sobre la historia del futuro. Claro que la gente no lo vería como historia, seguramente sería considerado ciencia ficción.
- Eso sí que sería interesante- dijo recostando la cabeza sobre el sofá- conocer la historia dentro de tres mil u ocho mil años, pequeños fragmentos de futuro que fueran como flashfoward de lo que va a ocurrir, de cómo vivirán las gentes y de cuáles serán sus hábitos y costumbres. ¡¡ Cachitos de futuro!! – dijo bostezando.
Un sentimiento cruzó su alma. Ella tenía ya casi veinticinco años, probablemente y con suerte lograría vivir unos setenta años más. Lo parpados le pesaban inmensamente
- Setenta años- susurró como saboreando cada una de las palabras con los labios, mientras cerraba los ojos, comenzó a imaginarse a sí misma de mayor con el pelo canoso y la piel llena de arrugas, huellas del tiempo, y cuando se había configurado una imagen totalmente nítida de cómo sería ella de anciana en su mente, el cansancio le venció y cayó en el abismo del sueño.

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