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Cajón DeSastre

“Cajon DeSastre” es un blog construido con retales de sueños e hilvanado con múltiples  ficciones en el cual los personajes, a veces consti...

viernes, 30 de octubre de 2009

La última víctima

21 de noviembre del 1888


Vender su cuerpo, no era algo que le gustara a Mary Jane Kelly, pero al menos le daba para comer, vestir y cobijarse en los tiempos que corrían. La prostitución es el negocio más antiguo del mundo, un negocio próspero y estable que nunca decae porque siempre había hombres dispuestos a satisfacer sus deseos. Después de varios años en el oficio, había aprendido que, curiosamente, no todos iban para satisfacer sus ganas de mujer, los había con otras necesidades.
Tenía todo tipo de clientes, los había fijos y de una noche, casados, solteros y viudos, desde marineros desembarcados después de largos periodos en alta mar hasta los médicos y políticos más prestigiosos de Londres. A sus 25 años de edad tenía las calles del barrio de Whitechapel más que andadas.
Aquella noche, un tipo de apariencia respetable se le acerco para contratar sus servicios. Por sus vestimentas parecía estar bien posicionado económicamente, su atuendo era oscuro y transportaba consigo un maletín. Le pago una gran suma de dinero y por adelantado con el único requisito de ir a un lugar tranquilo en el que poder pasar con ella toda la noche. Parecía afable y ella sintía una gran curiosidad por lo que trasportaba en aquel maletín, como le inspiraba confianza lo llevo a casa.
Una vez llegados a su casa y como le notaba algo nervioso, Mary Jane le sirvió una copa de whisky escocés y le dijo:

- Siéntase cómodo, debe usted saber que todo lo que pase quedará entre nosotros y estas cuatro paredes
- Sabe esta será la última noche que contrate los servicios de una prostituta- Le contesto.

A la mañana siguiente Jack se lavo las manos cuidadosamente en el lavabo que había en la habitación, guardo algunas cosas en su maletín, se puso su capa, se enfundo el sombrero y se marchó entre la espesa niebla londinense dejando a Mary Jane Kelly destripada sobre la cama.
Scotland Yard nunca le desenmascararía.

jueves, 29 de octubre de 2009

LA CASA DE LAS ALMAS

Nosotros los jóvenes, nunca creemos las historias de nuestros ancianos, las dábamos por meras supersticiones, locuras y leyendas en las que proyectar los propios miedos, situaciones que solo pasan en las películas. Era verdad que en mi pueblo, como en tantos otros, existía la típica casa abandonada en la cima de una colina, por “la casa de las almas” era conocida. Pensábamos que era una forma de generar ese turismo rural preñado de morbo que se acerca a los pueblos buscando experiencias extrañas, así que no le dimos la mayor importancia.
La noche de los difuntos, ávidos de fiesta y ganas de pasarlo bien, nos enfundamos nuestros disfraces y cargados de alcohol decidimos ir a la aventura para descubrir por nosotros mismos la maldición que albergaba aquel viejo caserón.
El gran portón de la entrada dejó a la vista ventanas altas de cristales oscuros, muchos de ellos rotos por el paso del tiempo, que escondían techos llenos de humedad y suelos cubiertos de polvo y de excrementos de pequeños animales que habían hecho de aquel lugar su cobijo. El interior estaba amueblado con muebles que tendrían más de setenta años por su apariencia. Los cuadros, lámparas y espejos permanecían inmutables como si el tiempo no hubiera hecho mella en ellos.

Éramos un grupo pequeño de unos diez amigos y, las primeras horas de la noche, las pasamos embriagándonos y contando historias. Poco después empezamos a escuchar ruidos. Los chicos envalentonados decidieron subir a la planta de arriba, mientras yo me quedaba acompañando a las asustadas chicas abajo. Nada más supimos de ellos.
Las chicas y yo comenzamos a percibir extrañas presencias en los espejos y en los cuadros como si alguien nos observara desde diversos puntos de la habitación. Sin embargo, un profundo sueño empezó a hacer mella en mí y sucumbido caí.
Cuando abrí los ojos, me encontré empapado entre grandes charcos de sangre. Había amanecido, pero ninguno de mis nueve acompañantes se encontraba en la casa. Aturdido y asustado, salí corriendo de ella.
Nosotros los jóvenes, nunca creemos en las historias de los ancianos, las damos por meras supersticiones, locuras y leyendas en las que proyectar los propios miedos. Cuando me encontraron empapado en sangre y sudor, me dieron por loco, por un alienado y pensaron que los había matado. Tenían que hacer justicia: ellos tampoco me creyeron.
Desde la ventana del manicomio, allá en la colina observo “la casa de la almas”: Sí, lo sucedido será una buena forma de engendrar turismo rural preñado de morbo.
Todos piensan que soy un loco:

¡Mera superstición!.

¡¡¡ FELIZ HALLOWEEN !!!


lunes, 26 de octubre de 2009

QUIMERA I

La noche anterior se golpeó la cabeza con el estante de la cocina, la sangre manaba de su herida. Hoy, al abrir los ojos, la huella del golpetazo le ha sobrevenido como una fuerte jaqueca. Se levanta, se prepara un café y acurrucada en el hueco de la ventana apoyando su taza, se concentra en las gotas de lluvia que se deslizan por el cristal cuando le sobreviene la imagen de la taza rota en el suelo.
¡Qué real!- piensa acariciándola entre sus manos y, en ese instante, cae la taza partiéndose en mil añicos. No le da más importancia y decide que será mejor ir a desayunar a la cafetería de la Calle Versalle.
Cruza la esquina y esperando a que el semáforo cambie a verde, le llega la imagen de un chico de piel morena que le sonríe y le apunta algo en la mano. Se acaricia la mano y el ruido del semáforo en verde indicando que ya puede cruzar le saca de su ensoñación.
Llega a la cafetería y entra por la puerta, un chico con piel oscura al darse la vuelta le derrama un café.
¡Malditas sean las prisas! Lo siento muchísimo, ¿se ha quemado?- Le dice mientras le seca. Como lleva prisa, preocupado por su traje y sorprendido por su gran belleza, ha decidido apuntarle su número de teléfono en la mano para quedar en otra ocasión e invitarla a un café. Intercambia un par de sonrisas y se despiden.
Ella fascinada por lo que acaba de pasar, se toca la herida de la cabeza que le duele y un poco aturdida sale de la cafetería y pide un taxi para dirigirse a la oficina. Durante el trayecto en el taxi, absorta en la música de la radio, le viene la imagen de su jefe enfurecido.
Llega a la oficina tarde y manchada de café, cuando recuerda que tenía una importante reunión financiera con aquella empresa que acaba de terminar sin éxito y sin ella. El jefe sale y al verla le proporciona una buena bronca que termina en su despido. Recoge sus cosas y al meter su taza en la caja junto a sus pertenencias se le resbala y cae haciéndose mil añicos. Cierra los ojos, cuando los abre para recoger los pedazos de taza, se ve acurrucada en la ventana de su cocina viendo resbalar gotas de lluvia por el cristal de su ventana.
Hoy, abre los ojos, le duele la cabeza y es que la noche anterior se la golpeó con el estante de la cocina, la sangre manaba de su herida

jueves, 22 de octubre de 2009

LA GATA Y EL PEZ

Sobre la mesa del escritorio, había una preciosa pecera circular con un pececillo anaranjado que pasaba sus días añorando la libertad, conocer horizontes nuevos y más amplios que le llevaran más allá de aquellos cristales. Se soñaba libre y nadaba con la esperanza de conocer mundo.
Una mañana, entró una gatita de elegante y fino porte que se entretenía jugando con las cortinas que revoloteaban agitadas por la brisa. El pececito nunca había visto un ser semejante, de movimientos tan ágiles y figura danzante. Aquella bailarina de pisadas de seda captó la atención del pez al instante que, admirado por la libertad de sus movimientos, se paso embobado toda la tarde.

En uno de sus descansos, la gata se percató de su presencia y, en un amago de curiosidad, se le acercó. El pez sentía como el corazón se le embalaba y como sus mejillas se ruborizaban poniéndose aún más anaranjadas...

- Hola. ¿Me has estado obserrrvando?- Le dijo la gatita.
- Sí – dijo el pez tímidamente observando sus grande y bellos ojos – Te he visto llegar y me han parecido realmente hermosos tus juegos.
- ¡Qué pecera más herrrrrmosa!- Dijo acicalándose con la patita.
- No creas, es pequeña y angosta, si no fuera por los cuidados y mimos de Emily no sabes cómo de largos serían los días aquí dentro. ¡Cómo me gustaría ser como tú!: poder andar a mis anchas, divirtiéndome y explorando todos los lugares y rincones que el mundo pueda ofrecerme…
- Si, pero yo no tengo a nadie que me quiera o me cuide – dijo la gatita poniendo ojos tristes, mientras metía una de sus patitas en el agua.

El pececillo queriendo consolarla se le acercó para acariciar su patita :
- No digas eso, siempre que quieras puedes venir aquí. Siempre puedes contar conmigo, siempre seré tu AMIG…
- AMIGO – repitió la gatita mientras sus afiladas uñas atravesaban al pez- AMIGOS, yo no tengo amigos.

Y relamiéndose se marchó por la ventana, por la cual se había colado, con el estómago lleno dejando la pecera vacía.

miércoles, 21 de octubre de 2009

" No estás ya aquí. Lo que veo
de ti, cuerpo, es sombra, engaño.
El alma tuya se fue
donde tú te irás mañana.
Aún esta tarde me ofrece
falsos rehenes, sonrisas
vagas, ademanes lentos,
un amor ya distraído.
Pero tu intención de ir
te llevó donde querías
lejos de aquí, donde estás
diciéndome:
«aquí estoy contigo, mira».
Y me señalas la ausencia."
Pedro Salinas
Hacía tiempo que la veía distante, con sentiemientos helados y andaba aturdida entre pensamientos. Atrás quedaron miradas, caricias y besos llenos de ganas y el deseo dejaba paso a semblantes, sólo fachadas, que como la cara de una moneda ocultaba su cruz.
No tenía valor, así que preferió dar por terminado aquel amor y se marchó sin mirar atrás, dejándole este poema y sabiedo que algún día ella echaría de menos, lo que había echando de más.

domingo, 18 de octubre de 2009

DEJA VU

Se gana la vida sobre un escenario. Todas las noches metido en la piel de su personaje recita una vida que se sabe de punto a punto. Su público le aclama y las cosas no le van mal, ya que consigue llenar los teatros en los que actúa.


Entre el público, una noche apareció una mujer de mediana edad con complexión delgada y larga melena oscura que iba vestida con un traje que mezclaba tonos marrones y verdes formando extraños, pero discretos, estampados. Ella irradiaba un halo de belleza y elegancia que potenciaba aún más su gran atractivo y sensualidad. Pero lo que a él más le impactaba era aquella mirada fija que penetró en él como si le desnudara el alma y lo dejo paralizado, casi hipnotizado como si esos ojos fuera dos sirenas cantando a la luz de una noche de luna llena.
Y en el abrazo de sus miradas, él la sintió familiar, casi cercana. El fuerte ímpetu de terminar la interpretación para ir en una búsqueda que propiciara un encuentro le recorría las entrañas, pero cuando la obra dio por concluida entre los aplausos del público, ella se desvaneció como el humo que se expande en el aire.

Todas las noches, él actúa. Todas las noches, ella aparece entre el público con una mirada que le quebranta el alma. Cada noche al terminar la función él va a su encuentro y ella se desvanece entre la gente. Él sabe que la conoce desde hace mucho tiempo porque, aunque ella se manifieste vagamente como se rememoran algunos sueños tras despertar, permanece en su memoria como un resquicio de recuerdo sin tener constancia del remoto pasado en la que la conoció y vive con la esperanza de que no sea una ilusión, un fantasma de la locura que le seduce noche tras noche para dejarle la miel en los labios y el deseo en el cuerpo.

viernes, 16 de octubre de 2009

LA CAJA

Cielos, cómo brilla hoy el valle piensa observando la caja, aquella que guarda los recuerdos de una infancia, los secretos de su vida, los retales de amores y desamores, olores pasados, sabores distantes y días de antaño. Y, mientras una sucesión de fotografías pasean por su mente, siente que la vida, después de todo, no ha sido un valle tan sombrío que solo albergue lágrimas.

Aún le queda tiempo, así que permanecerá recostado para hacerse a la idea.

Sí, hoy ha muerto, pero no lo entierran hasta mañana.

miércoles, 14 de octubre de 2009

CÓMO NACIÓ LA LITERATURA - VLADIMIR NABOKOV


Según Vladimir Nabokov...


¨La literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle neanderthal gritando el lobo, el lobo, con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó gritando el lobo, el lobo, sin que le persiguiera ningún lobo. El que el pobre chaval acabara siendo devorado por un animal de verdad por haber mentido tantas veces es un mero accidente. Entre el lobo de la espesura y el lobo de la historia increíble hay un centelleante término medio. Este término medio, ese prisma, es el arte de la literatura.


La literatura es inveción. La ficción es fición. Calificar un relato de historia verídica es un insulto al arte y a la verdad. Todo gran escritor es un gran embaucador, como lo es la architramposa Naturaleza. La Naturaleza siempre nos engaña. Desde el engaño sencillo de la propagación de la luz a la ilusión prodigiosa y compleja de los colores protectores de las mariposas o de los pájaros, hay en la Naturaleza todo un sistema maravilloso de engaños y sortilegios. El autor literario no hace más que seguir el ejemplo de la Naturaleza.


Volviendo un momento al muchacho cubierto con pieles de cordero que grita el lobo, el lobo, podemos exponer la cuestión de la siguiente manera: la magia del arte estaba en el espectro del lobo que él inventaba deliberadamente, en su sueño del lobo; más tarde, la historia de sus bromas se convirtió en un buen relato. Cuando pereció finalmente, su historia llegó a ser un relato didáctico, narrado por las noches alrededor de las hogueras. Pero él fue el pequeño mago. Fue el inventor.


Hay tres puntos de vista desde los que podemos considerar a un escritor: como narrador, como maestro, y como encantador. Un buen escritor combina las tres facetas; pero es la de encantador la que predomina y la que le hace ser un gran escritor.


Al narrador acudimos en busca del entretenimiento, de la excitación mental pura y simple, de la participación emocional, del placer de viajar a alguna región remota del espacio o del tiempo. Una mentalidad algo distinta, aunque no necesariamente más elevada, busca al maestro en el escritor. Propagandista, moralista, profeta: ésta es la secuencia ascendente. Podemos acudir al maestro no sólo en busca de una formación moral sino también de conocimientos directos, de simples datos. ¡Ay!, he conocido a personas cuyo propósito al leer a los novelistas franceses o rusos era aprender algo sobre la vida del alegre Paris o de la triste Rusia. Por último, y sobre todo, un gran escritor es siempre un gran encantador, y aquí es donde llegamos a la parte verdaderamente emocionante: cuando tratamos de captar la magia individual de su genio y estudiar el estilo, las imágenes, y el esquema de sus novelas o de sus poemas.


Las tres facetas del gran escritor- magia, narración y lección- tienden a ,mezclarse en una impresión del único y unificado resplandor, ya que la magia del arte puede estar presente en el mismo esqueleto del relato, en el tuétano del pensamiento. Hay obras maestras con un pensamiento seco, limpio, organizado, que provocan en nosotros un estremecimiento artístico tan fuerte como puede provocarlo una novela como Mansfield Park o cualquier torrente dickensiano de imaginación sensual. Creo que una buena fórmula para comprobar la calidad de una novela es , en el fondo, una combinación de precisión poética y de intuición científica. Para gozar de esa magia, el lector inteligente lee el libro genial no tanto con el corazón, no tanto con el cerebro, sino más bien con la espina dorsal. Es ahí donde tiene lugar el estremecimiento revelador, aun cuando al leer debamos mantenernos un poco distantes, un poco despegados. Entoncés observamos, con un placer a la vez sensual e intelectual, cómo el artista construye su castillo de naipes, y cómo ese castillo se va convirtiendo en un castillo de hermoso acero y cristal. "

lunes, 12 de octubre de 2009

EL FARO

Celtia era una chica joven, fuerte y sana. Cuando le diagnosticaron cáncer, casi nadie de la familia o de su entorno podía creerlo.
C-Á-N-C-E-R – Aquella palabra maldita que con solo pronunciarla se producía un silencio atroz. Ella siempre había sido una chica luchadora y fuerte, pero aquella palabra por primera vez le hizo tambalearse.

Tras la extirpación, los fuertes dolores, la pérdida de las fuerzas, y la caída del cabello hicieron que la joven dejara de salir con sus amigas y, poco a poco, entró en una depresión. Los médicos preocupados, decidieron que era mejor dejarla ingresada. Cada persona reacciona de una manera ante la enfermedad, ella había reaccionado de la peor forma: Perdiendo la esperanza.

Con esa reacción, todos se temían lo peor y aunque la intentaban animar por todos los medios, nadie lo había conseguido. Así que los médicos observando sus síntomas y sabiendo que la esperanza y las ganas de luchar son de gran importancia en una recuperación decidieron llamar al equipo de psiquiatría del hospital. Un joven psiquiatra, llamado Xoan , decidió tomar su caso. Xoan era famoso por sus innovadoras formas poco convencionales, era poco amigo de la fuerte medicación la cual dejaba como última opción; pero, por el contrario, prefería las terapias y el psicoanálisis.

Un día, llegó a la habitación de Celtia con una silla de ruedas y vendó sus ojos. Tras unos veinte minutos, ella sintió el fuerte viento en su cara y cuando destapó sus ojos…Se encontraban a gran altura mirando hacia el mar desde el faro.
Xoan permaneció en silencio.

- ¿Por qué me has traído hasta aquí?- Pregunto Celtia.
- Por las vistas, este es uno de mis rincones preferidos- dijo señalándole el mar- Desde la ventana de un hospital uno no puede contemplar el horizonte. ¿No crees?
- Sí, la verdad es que desde que me diagnosticaron la enfermedad, no he salido mucho del hospital o de casa.

Xoan le sonrió, se arrodilló y tomó su mano que estaba apoyada en el brazo de la silla de ruedas y le dijo:

- ¿Te quieres casar conmigo?

A Celtia se le escapo una carcajada, era la primera desde hacía mucho tiempo.

- ¿Y qué me ofreces?- Dijo en tono burlón siguiéndole la broma.
- Desde este momento, te regalo este sitio desde el cual mirar al horizonte, al futuro...Si quieres todos los días que pases en el hospital hasta que te recuperes, vendremos al faro una hora para mirar juntos al horizonte y conversar…

Celtia afirmo con la cabeza.



Han pasado los años y Celtia ya está recuperada, pero siempre que puede se asoma desde el ricón que aquel psiquiatra le regalo cuando más lo necesitaba.

miércoles, 7 de octubre de 2009

PROBLEMAS FÍSICOS

El hueco del ascensor siempre estuvo allí, aunque no me percaté hasta que las llaves escurridas de mis manos descendieron cayendo por él. En su caída, no me asusto tanto la idea de oscuridad como imaginar que aquella profundidad podría no tener fondo y que, tal vez, aquel manojo de llaves quedaría como ingrávido en su caída durante un descenso sin fin por toda una eternidad. Entonces comencé a considerar si algo puede caer o gozar de movimiento sin tener un suelo con el que chocar…Menos mal que, a esas alturas de mis pensamientos, escuché el alentador ruido de las llaves chocando con el suelo y, entonces, comprendí que el único y verdadero problema era cómo puñetas entrar en mi casa.

domingo, 4 de octubre de 2009

PRETEXTOS PARA OLVIDARTE

Las noches se me hacen largas y frías. Tendida sobre la cama doy un par de tumbos haciéndome hueco, como para intentar ponerme aun más cómoda y conciliar inútilmente el sueño. Pero es imposible, siempre termino arropada por mi manta en la terraza en compañía de una taza de caldo caliente pensando en ti y confiando en ver pasar alguna estrella fugaz a la que pedirle el deseo de olvidarte. Pero nunca pasa ninguna.

Así que esta mañana, harta de esperar, he cogido el coche y me he dirigido hacia el campo en busca de dientes de león.

Encontré uno, cerré los ojos, pedí mi deseo y soplé.

Efectivamente, por fin, te he olvidado.

jueves, 1 de octubre de 2009

UN BUEN NEGOCIO
Vendió su alma al Diablo a cambio de ser eternamente inmortal.

THE END

Definitivamente el fin del mundo llegó cuando se murió.

Esta semana he participado en un concurso de microcuentos con esta adaptación de uno de mis relatos.

UN CAFÉ
Fresca, brillante, antihistamínica, la cafeína humedece sus labios. Todas las tardes ellos se encuentran en el bar de la esquina. Ella se estremece al sentir el contacto de la silla desnuda y la insinuante evocación del deseo con cada amargo sorbo de café, aunque él nunca supo que ella lo mira.