Entradas

Emmy

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¡Este fin de año me he dejado un riñón! 

No, no ha sido por la bebida, ni por los excesos, ni por los gastos... 

...Ha sido mi entrada, pero no al año...Mi entrada al salón. Esta noche me he despertado adormilada y ( malamente, tras,tras) traspasé la puerta dejándome la cadera en el pomo. No he querido mirar atrás, ni a la puerta, ni a mi cadera porque no sé si el riñón ha quedado incrustado en el pomo o si me llevo un Emmy en forma de pomo incrustado en el riñón.

TU AROMA

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Tu olor era como el aroma de café recién hecho. Dudando si eras algún extraño elixir o bálsamo aplicado sobre tu piel o, tal vez, eras la fragancia natural de tu cuerpo... Cerré los ojos, respirándote profundo, intentando sellarte en mí. 
Entonces lo comprendí:
Esencia eras de mi memoria que te conservo en el frasco frágil del recuerdo.  Si te exhalo suspirándote te desvanecerás como sueño del alba. Y si conmigo en secreto te guardo, la respiración me cortas.     

Elefantes rosas

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La persona que inventó la frase- Se mira, pero no se toca- era un genio porque todos queremos consumir y consumar lo prohibido.

Al entrar siempre me mentalizo:

Solo voy a mirar. Se mira, pero no se compra, solo echaré un vistazo.
Mentalizarse es como "No querer pensar en un elefante rosa" para no poder quitarte de la cabeza al dichoso paquidermo rosáceo...

Mentalizarse es proyectar.

Al salir, siempre me traigo uno: ¡Malditos elefantes rosas!



UNA DE MIS GRANDES PASIONES

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Una de mis grandes pasiones es la fotografía y los montajes de video, aquí un montaje en video con mis fotos del Castillo de Almodovar (Almódovar del Río-Córdoba)

La música usada:  Canción: Alasolair Mhic Cholla Ghasda- Alasolair, Son of Gallant Coll Artista: Capercaillie. Album: Heritage Songs
Todas las imágenes y videos que aparecen están tomadas por mí y el montaje lo he realizado con el programa iMovie.
También podéis ver algunas de mis fotos de otros bellos rincones andaluces tomadas con una cámara réflex modelo Canon 1200-D.






NOSTÁLGICAMENTE PESETERA

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Cuando era niña, de vez en cuando, echaba una moneda de cinco o veinte duros en mi hucha, esas típicas huchas de hojalata o metal con forma cilíndrica cuya única forma de abrirla era un abrelatas...o meter un cuchillo para untar mantequilla y hacer palanca sacando la primera moneda que cayera a tu alcance. ¡Es duro echar de menos los duros!...pero criarse divisando esa divisa provoca que aún piense en pesetas lo que nos cuestan los euros y, en mi opinión, en el día a día y a pie de calle, las cosas en euros nos salen caras. Hablando de duros y de caras, hay que tener la cara muy dura para la subida del coste de vida, mientras lo demás se mantiene. (Por no llamar “mantenerse” a “sobrevivir”)...
El refranero que es sabio dice: ¨Nadie da duros a cuatro pesetas¨...pues a los españoles nos han dado “Euro por peseta” y dando por hecho que nada iba a cambiar, ha cambiado todo. 

¡Hemos mejorado a peor!

TRUEQUE CULTURAL

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Hacía tiempo que quería dar dos peluches, el típico Teddy y un Garfield los cuales estaban muertos de risa encima del armario-“Si no juegas con nosotros…¿Qué sentido tenemos aquí?”- parecían gritarme desde las alturas. Así que cuando mi amiga me aviso de un trueque cultural que se organizaba en mi ciudad, acudí. Era fácil, tú dejabas una cosa y te daban un vale con el que podías coger otra. Escogí dos libros: “Drácula” y “Padre, el último mono”.

Siempre me ha gustado estos puntos que hay en las bibliotecas o en algunos centros cívicos en los que dejas libros y coges los que quieras porque me parece un intercambio enriquecedor. Una especie de hermanamiento de letras y tinta tenemos las personas que hemos disfrutado de los mismo libros. A veces en estos trueques encuentras que los libros tienen anotaciones o fragmentos subrayados por el lector anterior.  Así que cuando llegué a casa lo primero que hice fue buscar entre las páginas algún rasgo significativo del lector anterior. Y en el lib…

LAS CURVAS DE LA FELICIDAD

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Ayer me paso algo curioso. Me empecé a sentir mal y agobiada por mi sobrepeso y le dije a mi chico de volvernos para nuestro barrio, un lugar más tranquilo. Cuando llegamos a la cafetería, una señora muy criticona al verme empezó a hablar sobre la gente gorda como si nos tratáramos de una raza a la que deberían de fumigar con adelgazantes.  Entonces me giré, la miré y sonreí ampliamente. La hija avergonzada le gritó- ¡Mamá!, pero la mujer continúo cotorreando sin parar sobre las gordas. Yo pensaba que ante una situación así me iba a sentir fatal, pero no sentí la más mínima vergüenza de mi, mas bien empecé a sentir pena por aquella mujer, de su manera de hablar, de su infelicidad y de su falta de amor hacia los demás.

Entonces comprendí algo importante, no dejarme nublar por los comentarios u opiniones ajenas cuando no son constructivas, uno selecciona tanto las palabras que salen de su boca como las que entran por los oídos.